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Antonio

 Marilu Capin de Aguilar (poesias)

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Querido(a) Internauta:

Este que ves en pantalla es Antonio Rubio Hortelano, creador de esta web y que hasta el 9 de agosto del 2001, día en que se fue con su Señor Jesucristo, la fue actualizando puntualmente cada mes.

Él te hubiera dicho que no era creador ni actualizador de nada sino un voluntario que hacía su faena por amor a Cristo y su Palabra. La realidad es que se pasó muchas horas de estos dos años (2000 y 2001) de existencia de la web retocándola e innovándola hasta convertirla, en su sencillez, en algo entranable y vivo. Gustaba decir que la web estaba en “continua construcción” y era verdad porque cada mes agregaba alguna novedad. Tenía proyectos para ella, pero se los llevó al cielo.

Me dirás que no tiene nada de particular crear y actualizar una web máxime una como esta que, por lo que se ve ahora en el mercado, es de las modestitas. Te equivocas. 

Verás, Antonio padecía esclerosis múltiple desde 1985 más o menos, iba en silla de ruedas y no se desenvolvía muy bien con las maños. Con un poco de imaginación te harás el cargo del tremendo trabajo que representa escanear, retocar y teclear en esas condiciones. Lo que a ti te cuesta uno a Antonio tal vez le costaba cien en tiempo y esfuerzo. Cuando se embarcó en esta empresa Antonio no tenía ni idea de web's: leyó, se asesoró por un buen amigo y quemó muchas horas del día y de la noche en el ordeñador. Sí, Antonio se convirtió en lo que con algo de rimbombancia llamamos  un “webmaster”, sin pretenderlo y sin considerarse él como tal.

Antonio fue bueno en los diversos “oficios” que la vida le deparó: hijo, hermano, catequista,  maestro (hasta que la enfermedad se lo impidió), padre de dos hermosas criaturas, Marina y Toni,  esposo, fiel y enamorado de una también fiel y enamorada esposa, Fina. Antonio también fue amigo y de los buenos. Y fue buen enfermo:  llevó su enfermedad con cristiana elegancia, lo que quiere decir sin aspavientos, con mucho amor y mucho humor para echar un tupido velo en los momentos bajos. Fue bueno en todo eso porque intentó ser  un buen hombre y un buen cristiano. Su hermano decía en su entierro: "Ha sido discreto hasta para morir". Se murió sin hacer ningún ruido.

Bajo la mirada de la Providencia –en cuyo seno vivía- y de la Virgen maria a la que tiernamente amaba, su vida se desarrolló en un círculo: nació en Albadalejo del Cuende (Cuenca, Espana) y el Señor le fue a buscar allá cuando, desde Badalona donde residía, se había trasladado para celebrar las fiestas de la patrona del pueblo, Nuestra Señora de las Nieves.

Al igual que  Obra Cultural, Antonio creía que una frase puede cambiar en un instante la vida de una persona si se lee en el momento oportuno, o sea, cuando el Espíritu Santo quiere. 

Antonio tenía 47 años cuando falleció. Te deseo que cuando la muerte venga a tu encuentro te encuentre tan unido a Cristo y a la Iglesia como él lo estaba.