Antonio                   Marilu Capin de Aguilar (poesias)                  

                                    

principal
   
anecdotas y reflexiones

 Libros e impresos
  formato pdf

 

 

anecdotas y reflexiones

EL TRIUNFO DE LA CONCIENCIA

Fedor Dostoievski compuso Crimen y Castigo en 1866. En San Petersburgo el estudiante de Derecho Raskólnikov trata de encontrar una salida a la miseria en que vive, con el fin, también, de ayudar a su madre y a su hermana Dunia que viven pobremente en provincias y lo mantienen enviándole lo que Dunia gana como institutriz. Tiene una curiosa teoría (por muchos compartida): el hombre no nace con conciencia del mal y del bien sino que la conciencia es un sofisticado producto cultural, transmitido por la educación, la tradición y las leyes. Para conseguir dinero y comprobar su teoría planea fríamente el asesinato de una vieja usurera, y lo lleva a cabo. Pero surgen complicaciones que le llevan a matar también a la hermana de la usurera Por más que una coincidencia de circunstancias favorables desvíe las investigaciones, desde el día del crimen Raskólnikov se transforma en un implacable juez de sí mismo.

En sus vagabundeos Raskólnikov conocerá a Sonia, una muchacha, casi una niña, a quien su madre ha obligado a prostituirse. La dulzura y talla moral de la chica a pesar de las circunstancias que aparentan lo contrario terminarán por cautivar a Raskólnikov que le acabará confesando su crimen. Ella le enseñará el valor de la vida humana según Cristo, para empujarlo posteriormente, por más que su corazón se rebele a ello, a entregarse a la justicia. Condenado a Siberia, Sonia le seguirá y su sincero amor por ella le redimirá.

Mientras cumple condena, tendrá una pesadilla imborrable: sueña que el mundo es azotado por unos microbios que transmiten la extraña locura de hacer creer al contagiado que se halla en posesión absoluta de la verdad. Con ello surgen discusiones interminables, se hacen imposibles las relaciones familiares y sociales: en dicho sueño, los hombres afectados aparecen como auténticos locos, pues sus juicios son absolutamente inamovibles, y no responden a la realidad de las cosas sino a la propia opinión. Así descubre Raskolnikof que su obsesión por justificar el crimen es parecida a la conducta de los locos soñados. La enseñanza de Dostoievski es clara: Raskolnikof tenía la conciencia tranquila tras el crimen porque la tenía estropeada: su conciencia había dejado de ser capaz de medir la magnitud moral de los actos, que depende de los actos mismos no de los alambicados razonamientos con los que pretenda justificarlos quien los comete. Cuando se renuncia a la moral y a la conciencia sólo se encuentra el abismo de la locura.

anecdotas y reflexiones