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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

vida y anecdotas de los santos

LA CONVERSIÓN DE TERESA

 A los veinte años, Teresa de Jesús se hace monja carmelita. La práctica diaria de la oración se le hace cuesta arriba. Sucumbe al desánimo, y abandona la oración personal un ano entero. La muerte de su padre le produce una sacudida interior: mientras que él había hecho tantos progresos siendo fiel a su rato diario de oración, ella había renunciado.

Reemprende el camino pero es una brega eso de ser fiel a un rato de oración diaria, en silencio y aparte. Cae en la cuenta de que su problema de fondo no era que no supiera orar por culpa de la loca de la casa (como llamaba ella a la imaginación), sino que le faltaba enlazar la oración y la vida. Su vida de monja seguía siendo mediocre. Fue entonces cuando inició un cambio total: se convirtió -dicen sus biógrafos. Comenzó a ser cristiana de verdad.

Y serlo equivalía a activar la relación personal con Jesús de modo que luego impregnara la vida corriente de cada día. Era aceptarlo a Él casi como un inquilino de la propia vida y de la propia alma. Todo comenzó a sonarle diverso: las palabras del evangelio la conducen al recogimiento como ningún otro libro; atiende de otra manera los quehaceres cotidiaños o el trato con los otros; el paisaje mismo le «trae memoria del creador». Teresa había logrado de sí misma una «determinada determinación» de no abandonar la oración diaria, «pase lo que pase, suceda lo que sucediere..., así se hunda el mundo».

La práctica de la oración, que hasta ese momento la forzaba a caminar cuesta arriba trabajando consigo misma, súbitamente se le vuelve necesaria, como la respiración para vivir: «Me acaecía venirme de pronto un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar que Él estaba dentro de mí o yo toda engolfada en Él». Dios se le hace presente, inundante, envolvente...

En Teresa es la jornada de la oración contemplativa y mística. Pero nada de ensonaciones y ausencias o alejamientos de la calle. Fue precisamente entonces cuando se volvió más dinámica: se volvió fundadora, escritora, conversadora, viajera de Dios entre los hombres. Y el motivo es sencillo: no hay relación con Cristo sin misión. Es ahora cuando Teresa se empena en hacer grandes cosas por los otros, por la Iglesia, por el mundo.

 

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