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SABANA SANTA

 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

vida y anecdotas de los santos

EL MONJE ARTISTA
(Rafael Arnaiz)

     Rafael Arnaiz Barón nació en Burgos, el 9 de abril de 1911. Fue desde los comienzos de su vida -confiesa su madre- una criatura comprensiva, inteligente, fácil de educar. Rafael visitó el monasterio cisterciense de San Isidro de Duenas, en septiembre de 1930 donde quedó altamente impresioñado de la vida que llevaban los monjes en el monasterio. Al ano siguiente, en 1931, visitó la abadía cisterciense por segunda vez y en esa fecha dejó unos escritos con el título de Impresiones de la Trapa, en que describe con rasgos maestros, la vida de los monjes.

  El 17 de septiembre de 1932, Rafael se trasladó a Madrid para ingresar en la Escuela Superior de Arquitectura. Era su gran ilusión: ser un buen arquitecto, puesto que era la carrera que le atraía fuertemente y para la que tenía excelentes cualidades. Aquí transcurrió su vida entre el estudio, las clases y la vida de piedad que él mismo se trazó. Hizo el servicio militar en el Regimiento de Zapadores Miñadores.

    Ingresó el 15 de enero de 1934 en la Trapa con veintidós años de edad. Trató de adaptarse a la regla en todos sus pormenores.. Pero la mano de Dios, qué busca siempre y en todo nuestro bien, se posó sobre él de un modo nuevo y le envió una grave enfermedad de diabetes que le obligó a dejar la vida feliz y austera del monasterio a los cuatro meses de haber ingresado. Esta prueba, profundamente dolorosa para Rafael, supuso para él un afianzamiento fuerte en el camino de sacrificio, de cruz y de amor. Estuvo fuera de la Trapa dos años que le parecieron largos, muy largos, deseoso como estaba de reanudar su vida en el monasterio. Pudo, por fin, volver a él, aunque en calidad de oblato por su enfermedad, el 16 de enero de 1936. Tras otras dos salidas de la Trapa por recrudecimiento de la enfermedad, regresó por cuarta y última vez el 15 de diciembre de 1937. Finalmente, el 26 de abril de 1938, muere santa­mente en una celda de la enfermería de su querida Trapa. En paz y con sólo Dios en el corazón y en el alma.

 

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