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LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL POZO En el siglo XV las hordas salvajes de Matías Corvino invadieron el territorio austriaco, destruyendo cuanto encontraban a su paso. Entre otras muchas muestras de su barbarie, destrozaron la iglesia del pueblecito de Mariabrunn, cercano a Viena, arrojando a un pozo la imagen de Nuestra Señora, venerada en dicha iglesia. Durante largo tiempo gimieron los austriacos bajo el yugo de los Húngaros. Una noche, después de muchos sufrimientos y muchas oraciones reclamando la intercesión liberadora de la Reina del cielo, se apareció en sueños la Virgen al Archiduque Maximiliano y le dijo: -Levántate enseguida y marcha con tu ejército contra los Húngaros para liberar de su yugo a mi País. No daba crédito el Archiduque a la realidad del sueño. De nuevo se le apareció la Virgen, repitiéndole la orden de marchar con su ejército. -Para que no vuelvas a dudar de que soy yo quien te lo ordeno, te voy a dar una señal. Cerca de Viena encontrarás una imagen mía en el fondo de un pozo. Sácala, y allí mismo me daréis culto. Seguro ya el Archiduque de que contaría con la especial protección de la Señora, reunió sus tropas y se puso en marcha para liberar al país. Llegado a los alrededores de Viena, buscaba afanosamente por todas partes el pozo en cuyo fondo estaba hundida la imagen de nuestra Señora. Pero resultaban vanos todos sus esfuerzos. El pozo no aparecía por ninguna parte. Desesperaba ya de lograr su intento cuando se presentó, jadeante, un soldado de sus tropas, que había desertado en busca de un manantial de agua para apagar su sed. Cuando se hubo calmado un poco de su carrera dijo al Archiduque que en medio del matorral había descubierto un pozo y al asomarse a él para comprobar la profundidad del agua, había visto hundida en el fondo una hermosa imagen de la Virgen. Y hasta le había parecido que la imagen le había sonreído. Se llenó de gozo el Archiduque con el relato, porque veía claro que su sueño no había sido una quimera. Era la señal que la Virgen Santa María le había dado. Estaba ya seguro de que no le faltaría su protección en la empresa que, por obedecerla, había emprendido. Con esta seguridad sus soldados se lanzaron valientemente al ataque, tomaron por asalto la ciudad de Viena y liberaron del dominio Húngaro a todo el territorio de Austria. El Archiduque dio rendidas gracias a la Virgen por su ayuda y en el mismo sitio donde fue encontrada su imagen dieron culto a la Reina del cielo, como ella misma había pedido. |
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