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SANTO, SABIO Y MARIANO
Todo eso fue San Alberto Magno, cuya fiesta celebramos el día de su muerte, un 15 de noviembre de 1280. Falleció en su convento de Colonia, y era apodado Magno por la amplitud de sus conocimientos y la santidad de su vida. Alberto es de los escritores marianos más fecundos de la Edad Media. «Fray Alberto es definido por uno de sus primeros biógrafos como secretario y escriba de la Madre de Dios». Otro de sus antiguos biógrafos, Pedro de Prusia, deja constancia de que fray Alberto «escribe acerca de María tan copiosamente, que puede decirse que no hay libro teológico en que haya olvidado a su muy amada». Y uno de los mayores mariólogos del siglo XX, monseñor Bittremieux, de la Universidad de Lovaina, no duda en afirmar: «Los méritos de San Alberto como teólogo de la maternidad divina y de la mediación de la Bienaventurada Virgen son incalculables. Nunca acertaremos a ponderarlos como se merecen».Por esa convicción generalizada, se le han atribuido muchas obras marianas, de las que no es autor. Sin embargo, tiene varias obras marianas cuya autoría está probada, y habla ampliamente de María en sus grandes obras teológicas. A San Alberto se han atribuido dos Mariale. Uno, el que encontramos citado en las mejores obras marianas de los siglos XIII al XX, y en los principales documentos pontificios y conciliares sobre la Santísima Virgen. Otro, que en realidad pertenece a Ricardo de San Lorenzo, muerto hacia 1260. El Mariale de San Alberto es una obra de corte escolástico, íntegramente dedicada a la Virgen.Según el jesuita padre Pelster, Alberto compuso el Mariale en su juventud, antes de ser maestro en la Universidad de París (1245) Y lo interpreta como un homenaje a la Virgen, que tanto le ayudó en sus primeros años de vida dominicana. El esquema es característicamente escolástico, y, al hilo de las palabras de la Anunciación, van apareciendo las prerrogativas de María: maternidad divina, virginidad, plenitud de gracia, mediación mariana, realeza de María, asunción a los cielos... Dos expresiones del Maria le indican el aprecio de Alberto por la Madre de Dios: La Virgen Santísima no entra en número con otros, porque no es una entre todos, sino que está por encima de todos... Debemos creer que todo lo que ha habido de bondad y belleza en cualquier santo, no le ha faltado a ella... Por ella pasó toda la gracia, creada e increada, que vino y ha de venir al mundo. Es, por tanto, Madre de todo bien, de toda gracia, de toda misericordia. |
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