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NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ, PATRONA DEL SALVADOR
Jesucristo
es el Príncipe de la Paz. Y su Madre es la Reina de la Paz. Así es celebrada
por toda la Iglesia, desde la reforma del calendario católico de Pablo VI, el día
22 de agosto. Pero siglos antes, todos los salvadoreños invocaban a su Patrona,
en la catedral de San Miguel, como la Virgen de la Paz, la que al sacarla en
procesión puso fin a las luchas internas, la que salva a su pueblo de la lava
de los volcanes, como el de Chaparrastique, en 1787. Las
actuales tierras de la República de El Salvador fueron descubiertas en el
tercer viaje de Cristóbal Colón, por Andrés Niño. Y conquistadas por Pedro
de Alvarado, el año de 1524. La
ciudad de San Miguel, que los poetas califican como la Perla Oriental, fue
fundada en 1530 por el capitán Luis Moscoso. Y tiene el privilegio de venerar
en su catedral a la Virgen de la Paz. Si todos los salvadoreños miran con amor
y veneración a la Virgen de la Paz, para los migueleños constituye el tesoro más
preciado de su tradición cristiana. En
la penumbra de la historia permanece la auténtica historia de la imagen de
Nuestra Señora de la Paz. No hay documentos fehacientes de su origen. Según
una tradición popular, unos mercaderes del siglo XVII encontraron una caja de
madera en la costa del océano Pacífico, que supusieron arrastrada por las
olas. La natural curiosidad, o quizá el afán de encontrar dentro algo de
valor, les llevó a intentar abrirla. Por más esfuerzos que hicieron, les fue
imposible, porque estaba fuertemente sellada. En vistas de que no podían
abrirla, desistieron de su intento. Allí
quedó la caja lacada, abandonada en la arena de la playa. Hasta que otros
mercaderes la vieron, y, al no poder abrirla, la cargaron sobre un burro y la
llevaron a la ciudad de San Miguel: todo un riesgo, ya que por entonces el
traslado de mercancías estaba sometido a los muchos peligros de asaltos, robos
y homicidios por parte de los piratas, ladrones y bandoleros atracadores, que
abundaban por los caminos. Sorteando todo tipo de dificultades, los mercaderes
llegaron a San Miguel el 21 de noviembre de 1682. El
primer intento de los mercaderes era dar cuenta del hallazgo, cuyo contenido
desconocían, a la autoridad civil, a la que honradamente pensaban entregar la
caja. Pero -continúa la piadosa tradición- el burro, al llegar a la plaza
Mayor, justamente frente a la primitiva iglesia del pueblo, se paró tercamente
y no fue posible que continuara su camino hasta la casa consistorial. En vistas
de que no era posible dar un paso más con el burro, descargaron la caja y, con
sorpresa de todos, allí les fue muy fácil abrirla. ¿Qué
vieron aquellos honrados mercaderes? Primero, quedaron asombrados por el efecto
del milagro de la apertura de la caja, que fue imposible junto al mar y sólo
fue posible donde el burro se paró, frente a la iglesia parroquial, donde
actualmente está la catedral. Ante sus ojos atónitos, después de retirar los
papeles que la envolvían una y otra vez para protegerla, contemplaron una bella
imagen de Nuestra Señora la Virgen María. Su brazo izquierdo sostenía al Niño
Jesús. Pronto
corrió la noticia por todo el pueblo y por toda la comarca, por entonces
castigada por luchas fratricidas. Y el sentido de la fe de aquellas sencillas
gentes les llevó a descubrir en aquel acontecimiento un signo del cielo de que
debían cesar las luchas y reinar la paz. Por eso, como obedeciendo a un
instinto sobrenatural, comenzaron a venerar a la Virgen bajo la advocación de
Nuestra Señora de la Paz. Desde el primer momento, la consideraron los
habitantes de San Miguel como «su Virgen», la que sería declarada Patrona de
la Perla Oriental, El Salvador. Más
de tres siglos de amor y de paz: ésa podría ser la síntesis de la historia de
salvación que Dios ha ido haciendo entre la Virgen Madre y sus hijos, primero
de San Miguel, y luego de todo El Salvador. El 25 de abril de 1953, el Papa Pío
XII proclamó a Nuestra Señora de la Paz Patrona de El Salvador. Por
privilegio del Papa Benedicto XV, la sagrada imagen de Nuestra Señora de la Paz
fue coronada el 21 de noviembre de 1921: una fecha histórica, que llenó de
entusiasmo y de fervor mariano a todos los salvadoreños. La
fecha del 21 de noviembre es sagrada para El Salvador: fue el día en que llegó
la imagen de la Virgen a San Miguel, en 1682. El mismo día, de 1787, que los
salvadoreños atribuyen a la Virgen de la Paz la liberación de la erupción del
volcán de Chaparrastique, cuya lava pudo haber arrasado pueblos y personas. Fue
la fecha de su coronación, en 1921. Era el día más indicado para su celebración
anual. Cada año, del 14 al 30 de noviembre, los católicos de El Salvador
tienen los ojos puestos en la Virgen de la Paz, y acuden, entre festejos y alegría,
a venerarla en su nuevo templo, que data de 1953. Lo festejan de modo especial
el día central de su fiesta: el 21 de noviembre. |
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