|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
LOS «SEISES» DE SEVILLA Desde hace unos cinco siglos, los seises de la Catedral de Sevilla, los «niños cantorcitos», como antaño se llamaban, vienen bailando ante el Santísimo en todas las octavas de la Purísima Concepción. No pudo inventarse mejor ofrenda al Altísimo. No podré olvidar la impresión que recibió al verlos por primera vez un amigo mío, secote y frío de carácter. Fue a la Catedral con los prejuicios más contrarios: la palabra ««irrespetuosidad» había vagado de antemano por los labios. Yo callaba, esperando que los seises mismos le convencieran. Efectivamente. el reloj grande de la Catedral dio las seis; en las naves silenciosas, que el sol poniente llena de colores, hubo un murmullo de espera. En seguida la orquesta inició un villancico, cándido como una ronda de chicuelos. En el altar mayor aparecieron los seises, vestidos con un delicioso anacronismo, medio de pajecillos. medio de pastores. Una reverencia al Altísimo, y en seguida las voces infantiles de sopranos y contraltos, maravillosamente escogidas y educadas, entonaron las coplas: ¿Quién es la que del Cielo serena se desliza...? al mismo tiempo. que con un ritmo intachable y solemne, con una seriedad reposada y graciosa, sobre la riquísima alfombra de China, sus pies empezaban a trazar. al compás del villancico, calados. cadenetas, vueltas y mudanzas... A los pocos momentos la cara de mi amigo había perdido su sequedad impenetrable: los ojos se le iban al altar mayor, y todo él parecía que. a pesar suyo, se quería salir del banco. No pude menos de decirle por lo bajo: ««No me negarás que esto es sublime,«. Y él, sin apartar la vista de los seises, emocionado, vencido. me contestó lacónicamente: ,«Aquí. sí,«... ««Aquí. sí», dijo perfectamente. Esta ofrenda de niños, villancicos y bailes ante el Santísimo Sacramento es intraducible. El pueblo andaluz, como los pueblos profundamente religiosos parece que habla. que piensa, que siente con los ojos: de aquí sus grande pintores, de aquí el colorismo de su poesía. de aquí lo pintoresco de su lenguaje. Aun los sentimientos más grandes necesitan, para entrarse en el «castillo interior» del alma andaluza, sobornar antes a sus centinelas, que son los sentidos. De aquí, entre las cosas, sus Cofradías de Semana Santa, que no son más que el drama supremo de la Pasión de Cristo, materializado, cuajado en madera y sacado a la calle entre joyas y terciopelos, para que se le entre por los ojos a todos, como una lección de catecismo plástico y viviente. No deben de olvidar los asustadizos aquellas palabras del «Levítico»: «Tomad ramos de palma. y con ellos "saltad' dentro del santuario en señal de agradecimiento». El rey David, por su parte. aparece en el «Libro de los Reyes» danzando, al son de la cítara, ante el arca del Señor. y danzando, no así como así, sino «totis virubis», con todas sus fuerzas. Por esa razón la Virgen María se vio obligada a salir en defensa de un sencillo lego, mal comprendido por su prior. ¿No conocéis el viejo milagro? El lego había sido juglar por esos caminos de Dios, y recogido al fin como fraile en un convento de franciscanos, no sabía. en su ignorancia. cómo había de celebrar a la Virgen, su Señora. No sabía oraciones. ni salmos. ni el oficio latino, y ofrecía a la Virgen lo único que sabía. Cuando la capilla quedaba solitaria, el buen lego se deslizaba hasta ella y bailaba ante el altar sus mejores danzas juglarescas. Al fin, un día fue sorprendido por el prior que, al verle, se dirigió a él dudando si era un sacrilegio o si se había vuelto loco. Pero cuando ya se disponía a amonestarle, la Santísima Virgen descendió de su trono y con un pico de su manto azul y oro enjugó sonriendo la frente sudorosa del lego juglar. Ese es el secreto: la simplicidad de la intención. Quien no ve esto en las candorosas y sinceras manifestaciones del pueblo en honor del Señor, de la Virgen y los santos no comprende su alma. no podrá a través de esas manifestaciones -salidas de la fe- educarle en la fe. José María Pemán |
|