principal        conocenos       Antonio   mm.carmelitas      anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
anteriores año 2008
Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

Virgen María

LAS CUATRO GRANDES APARICIONES MARIANAS DEL SIGLO XIX

    Las primeras cronológicamente fueron las apariciones de la Virgen de la Medalla Milagrosa a Catalina Labouré, religiosa novicia de las Hermanas de la Caridad, en el convento de la Rue de Bac. Fue el 18 de julio, a media noche, en la capilla del convento. La Virgen le anunció los tristes y lastimosos acontecimientos que sucederían en fecha no determinada. Le pidió confianza en su protección. La Virgen de pie, se sostenía sobre una esfera del mundo de grandes dimensiones. Los dedos de sus manos irradiaban rayos de luz sobre el mundo, y una intensa luz. La Virgen le dijo:" Este globo que ves representa al mundo entero, y los rayos que surgen de mis manos simbolizan las gracias que derramo sobre los que las piden". Le ordenó que acuñase una medalla en conformidad con la visión, prometiendo abundantes gracias a cuantos la llevasen colgada al cuello.

    En 1846, el día 19 de septiembre, sábado, la Virgen en forma de bella Señora, se apareció a los jóvenes Maximino Giraud, de 11 años, y Melania Calvat, de 16. Eran unos pastorcitos, que guiaban su rebaño, a las tres de la tarde, en las montañas de la aldea de La Salette (región de Grenoble). Les dio a conocer un mensaje apocalíptico, sobre futuros desastres y calamidades de todo género, que tendrían lugar, ante la desorientación y los males del mundo. El mensaje se dio a conocer 33 años más tarde, cuando la Virgen se lo autorizó.

     Las apariciones más importantes fueron las de Lourdes, 1858, cuatro años después de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. La vidente fue la joven de 14 años, Bernadette Soubirous, pastorcita al servicio de un terrateniente acomodado. La primera aparición tuvo lugar el 11 de febrero, cuando Bernadette se encontraba en Massabielle, cruzando el río Gave. La Virgen se presentó tocada de túnica blanca, con cinta de color azul, que ceñía su cintura, con un rosario, colgado a su brazo izquierdo. Era una bella Señora. Las apariciones se repitieron -hasta 18 veces- en los días siguientes, y en años más tarde, hasta 1862. A ruegos de la niña, la Virgen se identificó: Soy la Inmaculada Concepción.

La última gran aparición mariana en terreno francés tuvo lugar en el año 1871, en la aldea de Pontmain. Hacía un año que se había iniciado la guerra franco-prusiana. Unos niños habían salido el 17 de enero a las afueras del pueblo al anochecer, para contemplar y admirar las estrellas, cuando se les apareció la Virgen en el firmamento, vestida con una túnica bordada de estrellas de oro. Cubría su cabeza con un velo oscuro. Sobre su cabeza una corona de oro. A ruego de los niños, sorprendidos por las noticias desastrosas que tenían de la guerra, la Virgen les dijo: "Mi Hijo se deja conmover. Dios os escuchará. Todos volverán salvos".

El fenómeno de las Apariciones marianas condicionó el desarrollo de la vida cristiana en Francia, en el último tercio del siglo XIX, y en el primer cuarto del siglo XX. Eran frecuentes las visitas a los santuarios marianos. Los devotos hacían promesas a la Virgen, pidiendo su protección.

Virgen María