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LA VIRGEN MARÍA EN ALEMANIA
Nuestra Señora de Kevelaer -> Pero
la verdadera evangelización de Alemania se inició en tiempos de Carlos Martel
con San Bonifacio en el siglo VIII. En el siglo IX veneraban a María como
patrona las diócesis de Basilea, Maguncia, Espira y Estrasburgo, cuyas
catedrales estaban dedicadas a ella. La catedral de Augsburgo (Baviera), del
siglo VIII, está dedicada también a María. El Santuario Nacional de Baviera,
el de Altótting, también se remonta al siglo IX. Por su parte, las abadías
benedictinas contribuyeron eficazmente a la difusión de la devoción mariana en
Alemania. Hacia
el año 800 se celebraban en Alemania las fiestas de la Purificación (2 de
febrero), de la Anunciación (25 de marzo), de la Asunción (15 de agosto) y de
la Natividad (8 de septiembre). Ya por entonces se hacían procesiones en honor
de la Virgen. La literatura alemana comienza a ocuparse de la Virgen en los
siglos VIII y IX, Rabano Mauro, Aimón de Halberstadt y Estrabón. En la
iconografía nos hallamos frecuentemente con la Virgen, presidiendo
principalmente los altares. En
los siglos siguientes, del X al XIII, florece una verdadera literatura mariana
con vidas de la Virgen, muchas leyendas y relatos de apariciones. Ruperto de
Deutz ensalza de un modo admirable a la Virgen en su comentario al Cantar de los
Cantares. En la primera mitad del siglo XII son conocidísimas las predicaciones
marianas de Honorio de Autun y de Godofredo de Admont. Los benedictinos y las
escuelas catedralicias fueron verdaderos apóstoles de la devoción mariana.
Florece de un modo particular la poesía. Los títulos que más frecuentemente
se dan a María son los de Reina, Emperatriz, Emperatriz de las Reinas, de los
Ángeles y Señora. Un himno del siglo XII canta así: «Oh Señora del
universo, Emperatriz de los Santos, sé ayuda para tus hijos y en el cielo
medianera». El
conocidísimo himno Ave maris Stella» estaba muy extendidos por Alemania en el
siglo XIII. La famosa antífona ,Alma Redemptoris Mater» se debe al benedictino
alemán Hermann Contracto, quien, según algunos fue también autor de la
Salve Regina. La arquitectura alemana ofreció a la Virgen durante este período (siglos X-XIII) una larga serie de basílicas, que son de las más hermosas de Alemania. Surgieron asimismo muchos lugares de peregrinaciones a la Virgen. La misma iconografía es exuberante, especialmente en ilustrar la vida de María. Durante este período los monjes cistercienses y los canónigos regulares premonstratenses (fundados por el alemán San Norberto) fueron unos poderosos factores de la difusión del culto mariano, tanto con sus iglesias (con mucha frecuencia santuarios marianos) como con su apostolado. En
los siglos XIII y XIV ejercieron gran influencia las nuevas órdenes religiosas:
agustinos, franciscanos, dominicos (San Alberto Magno, el Beato Jordán
de Sajonia, sucesor del Santo , Domingo de Guzmán, etc.) y los siervos de María.
Llegó a ser muy floreciente la veneración al Santísimo Nombre de María y se
rezaba el rosario de diversas formas. El Avemaría tuvo entonces el período de
su máximo desarrollo. El Stabat Mater fue traducido al alemán ya en el siglo
XIV. Los carmelitas propagaron muchísimo el escapulario del Carmen. Al lado de
otras muchas cofradías, en Alemania se funda la orden de caballería de los «Hermanos
Hospitalarios de la Santísima Virgen», más conocidos con el título de «Caballeros
Teutones». Las múltiples apariciones y visiones marianas, como las de Santa Isabel de Schónau, de Santa Gertrudis la Magna, de Santa Matilde, contribuyeron no poco a la popularidad del culto mariano. Además de las cuatro principales fiestas de María, ya referidas, comienzan a celebrarse la Presentación en el Templo (en Tréveris en 1385), y la Visitación, que ya en 1244 fue impuesta como fiesta de precepto. Durante este período estuvo muy extendido el oficio de Nuestra Señora. En la iconografía prevaleció el estilo gótico,en el que con frecuencia aparece la Virgen cubierta con el manto. La devoción mariana se manifiesta con la dedicación a María de iglesias, ciudades, monasterios, calles y plazas. En la segunda mitad de la Edad Media florece especialmente la devoción a la Dolorosa, de la que hallamos bellas secuencias y numerosas imágenes en algunos santuarios (Schónau, en Baviera) y cofradías. Por este tiempo se fijó en Alemania el número de los siete dolores principales. Aparece también el nombre de María en las inscripciones de las campanas. Las
leyendas marianas toman esplendor y cantan de modo patético el poder y la
bondad de María. Las mismas predicaciones sobre la Virgen resultan cada vez más
frecuentes y más bellas. El rosario, con su correspondiente cofradía, adquiere
un considerable desarrollo no sólo en el aspecto de la devoción, sino también
en el artístico. Especial importancia tuvo el convento de los dominicos de
Colonia en la propagación del rosario y de la Cofradía del Rosario: su prior,
y profesor de la Universidad de Colonia, Jacobo Sprenger, fundó allí la
primera Cofradía del Rosario en Alemania, el 8 de septiembre de 1475, un día
después de la muerte de Alain de la Roche. La Cofradía de Colonia,
segunda en antigüedad fue la primera en fundar otras cofradías en Alemania y
en otros países, comenzando por Italia (Bolonia, Venecia, Florencia, Roma): y
fue el modelo de las primeras cofradías que fueron fundándose en la Iglesia
del siglo XV. El
culto mariano había alcanzado este admirable florecimiento cuando se lo llevó
por delante la reforma protestante del siglo XVI, aunque, no obstante, no logró
destruirlo del todo. Después de la Guerra de los Treinta Años, el culto
mariano comenzó de nuevo a florecer en el Sur de Alemania. En
cuanto a las regiones alemanas, Baviera es la región germana más devota de María,
quien tiene dedcada una columna en Munich con versos de Jacobo Balde,
dirigidos al alma mariana de todo el pueblo de Baviera. María es la «Patrona
de Baviera». Los santuarios marianos de Baviera son innumerables. Entre los más
importantes están el de Allerstoff (Passau), capilla dedicada a la Madre de
Dios que se remonta al reinado de San Enrique Emperador ( 1024); el de Andechs,
a cuya imagen de la Virgen (venerada en el monasterio fundado por el conde Otón
de Andechs en 1132) se le atribuyen milagros por millares; el de Augusburgo,
donde el culto de la Virgen se remonta al siglo IX, según En
Bamberga, uno de los más antiguos recuerdos del culto mariano es el elogio del
obispo Otón de Bamberga, apóstol de la ciudad y de la Pomerania, quien escribía
en el 910, encomendando a María todos los santuarios por él construidos en su
honor, e implorando su auxilio. El emperador San Enrique construyó allí un
templo dedicado a la Madre de Dios. Es famosa la catedral de Hildeshein, a 62 km
de Hannover, obra, según una leyenda, atribuida a Ludovico Pío, hijo de
Carlomagno. El obispo Eggehard de Hildeshein decía así en el año 1000: «Yo
no me considero como obispo, sino como siervo de María, y me esforzaré por ser
útil a este santo lugar con todos los medios que estén a mi alcance.» Sobre
el lago de Constanza, en Reichenau, el abad obispo Heiton consagró, en el año
816, la basílica en honor de María, y en el 825 hizo lo mismo con el
monasterio. Tampoco
en Prusia faltan los elocuentes vestigios primitivos del culto mariano. Es célebre
el santuario de Aquisgrán, cuyo origen se remonta al siglo XII. Entre lo más reciente que Alemania ha dado al mundo está el movimiento mariano de Schoenstatt, iniciado por el beato Joseph Kentenich (1885-1968) y propagado en la segunda mitad del siglo XX a más de 30 países. |
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