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Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

Virgen María

 

 

LA VIRGEN MARÍA EN ALEMANIA

Las primeras iglesias marianas, signo del culto a la Virgen María, se remontan a los siglos IV y V. Con la predicación del Evangelio, a lo largo del Danubio y del Rin se fue desarrollando el culto a María, del cual dan hoy testimonio documentos (biblias) y monumentos (sarcófagos y vidrieras) de los siglos IV al VI, sobre todo, en Tréveris. María fue representada especialmente como «la Virgen». Entre las fiestas de María que se celebraban en los siete primeros siglos figuraban la de la Asunción y la del 18 de enero.

Nuestra Señora de Kevelaer ->

Pero la verdadera evangelización de Alemania se inició en tiempos de Carlos Martel con San Bonifacio en el siglo VIII. En el siglo IX veneraban a María como patrona las diócesis de Basilea, Maguncia, Espira y Estrasburgo, cuyas catedrales estaban dedicadas a ella. La catedral de Augsburgo (Baviera), del siglo VIII, está dedicada también a María. El Santuario Nacional de Baviera, el de Altótting, también se remonta al siglo IX. Por su parte, las abadías benedictinas contribuyeron eficazmente a la difusión de la devoción mariana en Alemania.

Hacia el año 800 se celebraban en Alemania las fiestas de la Purificación (2 de febrero), de la Anunciación (25 de marzo), de la Asunción (15 de agosto) y de la Natividad (8 de septiembre). Ya por entonces se hacían procesiones en honor de la Virgen. La literatura alemana comienza a ocuparse de la Virgen en los siglos VIII y IX, Rabano Mauro, Aimón de Halberstadt y Estrabón. En la iconografía nos hallamos frecuentemente con la Virgen, presi­diendo principalmente los altares.

En los siglos siguientes, del X al XIII, florece una verdadera literatura mariana con vidas de la Virgen, muchas leyendas y relatos de apariciones. Ruperto de Deutz ensalza de un modo admirable a la Virgen en su comentario al Cantar de los Cantares. En la primera mitad del siglo XII son conocidísimas las predicaciones marianas de Honorio de Autun y de Godofredo de Admont. Los benedictinos y las escuelas catedralicias fueron verdaderos apóstoles de la devoción mariana. Florece de un modo particular la poesía. Los títulos que más frecuentemente se dan a María son los de Reina, Emperatriz, Emperatriz de las Reinas, de los Ángeles y Señora. Un himno del siglo XII canta así: «Oh Señora del universo, Emperatriz de los Santos, sé ayuda para tus hijos y en el cielo medianera».

 El conocidísimo himno Ave maris Stella» estaba muy extendidos por Alemania en el siglo XIII. La famosa antífona ,Alma Redemptoris Mater» se debe al benedictino alemán Hermann Contracto, quien, según algunos fue también autor de la  Salve Regina.

La arquitectura alemana ofreció a la Virgen durante este período (siglos X-XIII) una larga serie de basílicas, que son de las más hermosas de Alemania. Surgieron asimismo muchos lugares de peregrinaciones a la Virgen. La misma iconografía es exuberante, especialmente en ilustrar la vida de María. Durante este período los monjes cistercienses y los canónigos regulares premonstratenses (fundados por el alemán San Norberto) fueron unos poderosos factores de la difusión del culto mariano, tanto con sus iglesias (con mucha frecuencia santuarios marianos) como con su apostolado.

En los siglos XIII y XIV ejercieron gran influencia las nuevas órdenes religiosas: agustinos, franciscanos, dominicos (San  Alberto Magno, el Beato  Jordán de Sajonia, sucesor del Santo , Domingo de Guzmán, etc.) y los siervos de María. Llegó a ser muy floreciente la veneración al Santísimo Nombre de María y se rezaba el rosario de diversas formas. El Avemaría tuvo entonces el período de su máximo desarrollo. El Stabat Mater fue traducido al alemán ya en el siglo XIV. Los carmelitas propagaron muchísimo el escapulario del Carmen. Al lado de otras muchas cofradías, en Alemania se funda la orden de caballería de los «Hermanos Hospitalarios de la Santísima Virgen», más conocidos con el título de «Caballeros Teutones».

Las múltiples apariciones y visiones marianas, como las de Santa Isabel de Schónau, de Santa Gertrudis la Magna, de Santa Matilde, contribuyeron no poco a la popularidad del culto mariano. Además de las cuatro principales fiestas de María, ya referidas, comienzan a celebrarse la Presentación en el Templo (en Tréveris en 1385), y la Visitación, que ya en 1244 fue impuesta como fiesta de precepto. Durante este período estuvo muy extendido el oficio de Nuestra Señora. En la iconografía prevaleció el estilo gótico,en el que con frecuencia aparece la Virgen cubierta con el manto.

 La devoción mariana se manifiesta con la dedicación a María de iglesias, ciudades, monasterios, calles y plazas. En la segunda mitad de la Edad Media florece especialmente la devoción a la Dolorosa, de la que hallamos bellas secuencias y numerosas imágenes en algunos santuarios (Schónau, en Baviera) y cofradías. Por este tiempo se fijó en Alemania el número de los siete dolores principales. Aparece también el nombre de María en las inscripciones de las campanas.

 Las leyendas marianas toman esplendor y cantan de modo patético el poder y la bondad de María. Las mismas predicaciones sobre la Virgen resultan cada vez más frecuentes y más bellas. El rosario, con su correspondiente cofradía, adquiere un considerable desarrollo no sólo en el aspecto de la devoción, sino también en el artístico. Especial importancia tuvo el convento de los dominicos de Colonia en la propagación del rosario y de la Cofradía del Rosario: su prior, y profesor de la Universidad de Colonia, Jacobo  Sprenger, fundó allí la primera Cofradía del Rosario en Alemania, el 8 de septiembre de 1475, un día después de la muerte de Alain de la  Roche. La Cofradía de Colonia, segunda en antigüedad fue la primera en fundar otras cofradías en Alemania y en otros países, comenzando por Italia (Bolonia, Venecia, Florencia, Roma): y fue el modelo de las primeras cofradías que fueron fundándose en la Iglesia del siglo XV.

El culto mariano había alcanzado este admirable florecimiento cuando se lo llevó por delante la reforma protestante del siglo XVI, aunque, no obstante, no logró destruirlo del todo. Después de la Guerra de los Treinta Años, el culto mariano comenzó de nuevo a florecer en el Sur de Alemania.

En cuanto a las regiones alemanas, Baviera es la región germana más devota de María, quien tiene ded­cada una columna en Munich con versos de Jacobo Balde, dirigidos al alma mariana de todo el pueblo de Baviera. María es la «Patrona de Baviera». Los santuarios marianos de Baviera son innumerables. Entre los más importantes están el de Allerstoff (Passau), capilla dedicada a la Madre de Dios que se remonta al reinado de San Enrique Emperador ( 1024); el de Andechs, a cuya imagen de la Virgen (venerada en el monasterio fundado por el conde Otón de Andechs en 1132) se le atribuyen milagros por millares; el de Augusburgo, donde el culto de la Virgen se remonta al siglo IX, según se desprende de un documento del 895. 

En Bamberga, uno de los más antiguos recuerdos del culto mariano es el elogio del obispo Otón de Bamberga, apóstol de la ciudad y de la Pomerania, quien escribía en el 910, encomendando a María todos los santuarios por él construidos en su honor, e implorando su auxilio. El emperador San Enrique construyó allí un templo dedicado a la Madre de Dios. Es famosa la catedral de Hildeshein, a 62 km de Hannover, obra, según una leyenda, atribuida a Ludovico Pío, hijo de Carlomagno. El obispo Eggehard de Hildeshein decía así en el año 1000: «Yo no me considero como obispo, sino como siervo de María, y me esforzaré por ser útil a este santo lugar con todos los medios que estén a mi alcance.» Sobre el lago de Constanza, en Reichenau, el abad obispo Heiton consagró, en el año 816, la basílica en honor de María, y en el 825 hizo lo mismo con el monasterio.

Tampoco en Prusia faltan los elocuentes vestigios primitivos del cul­to mariano. Es célebre el santuario de Aquisgrán, cuyo origen se remonta al siglo XII. Las imágenes milagrosas más vene­radas en Alemania son cinco: la de Kevelaer; la de Altotting; la «Bella María» de Baviera (1519); la Virgen del Buen Socorro de Passau, de 1516, y la «Bella María» o «la Madre tres veces admirables de Ingolstadt (copia de la Virgen de Santa María la Mayor de Roma, modelada en 1569 por orden de San Francisco de Borja). Los santuarios marianos en Ale­mania son unos 300.

Entre lo más reciente que Alemania ha dado al mundo está el movimiento mariano de  Schoenstatt, iniciado por el beato Joseph  Kentenich (1885-1968) y propagado en la segunda mitad del siglo XX a más de 30 países.

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