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María entre nosotros

 

 

 

Virgen María

LA VIRGEN EN HUNGRÍA

La conversión de Hungría al cristianismo tuvo lugar hacia el año 1000, cuando el santo rey Esteban proclamó a la Virgen como la Gran Señora y Patrona de los húngaros: «Magna Domina et Patrona Hungarorum». Parece que fue el rey quien introdujo profundamente en toda la nación magiar el amor y la devoción a María, notas características dé los húngaros a lo largo del segundo milenio. 

San Esteban fundó la iglesia de Nuestra Señora Alba Real, colocó la propia corona a los pies de la Virgen, a quien proclamó Soberana de su reino, y renovó la solemne coronación poco antes de morir. En el recinto fortificado de todos los castillos se hallaban capillitas iluminadas por la luz de muchas lámparas de bronce o de plata maciza, que ardían de continuo, de noche y de día, delante de la imagen de María. 

Los príncipes palatinos llevaban consigo la imagen de María en los combates, y le instalaban un altar en su tienda. El rey San Ladislao I (1040-1095) combatía con medallas marianas que rodeaban su brazo o colgaban del cuello, y en la bandera nacional se hallaba la imagen de María.  La imagen de la Virgen se hallaba también frecuentemente en la espada de los soldados húngaros.

Escritores húngaros y extranjeros, católicos o no católicos, están de acuerdo -según ha demostrado el servita húngaro León Szaicz- en reconocer que Hungría puede llamarse con toda propiedad Reino de María». Como tal se la proclama incluso en los diplomas de sus reyes Bela IV (1252), y Esteban V (1272). Las monedas de oro y de plata, junto a la imagen de la Virgen, llevan la inscripción: «Patrona Regni Hungariae». 

La ley pública, de Hungría del año 1550, en el art. 48, establecía: 

«En el reverso de todas las medallas y monedas se ponga la imagen de la B. V. María, según la antigua costumbre de Hungría». Y esa costumbre fue seguida, incluso, por príncipes no católicos. Las mismas banderas de los húngaros debían llevar por un lado el escudo de Hungría y por el otro la imagen de la Virgen, según se estableció en la dieta de 1741. Desde tiempo inmemorial, los húngaros añaden en las Letanías Lauretanas, después de las otras invocaciones, la de «Patrona Regni Hungariae».  Varias diócesis y más de cincuenta abadías o conventos húngaros llevaban el nombre de la «Magna Domina».

En 1687, después de la conquista de Buda, el rey Leopoldo I se dirigió con sus dos hijos al santuario de María-Vúlgy y renovó la consagración de Hungría a la Virgen. En 1699, el domingo siguiente a la fiesta de la Asunción, después de haber recibido la sagrada comunión, pronunciaba el voto siguiente, en la catedral de San Esteban: 

«Este reino que me ha sido dado por vuestro potente derecho. Yo lo ofrezco y lo consagro a vuestra admirable Madre, a la Reina y Soberana de Hungría». El absolutismo de José II (a fines del siglo XVIII) enfrió mucho el culto mariano en Hungría. Contra este debilitamiento de la devoción mariana reaccionó enérgicamente el servita húngaro León Szaicz. Francisco I, antes de ser coronado rey de Hungría, hizo erigir una capilla de la Virgen con la inscripción: «En honor de la Patrona de Hungría».

Históricamente, han sido lugares de peregrinación en Hungría los santuarios marianos de Maria-Gyüd, Vac, Maria-Vólgy, Maria-Radna, Maria-Pocs (donde la imagen de Nuestra Señora derramó lágrimas durante un mes), Csiksomlyo, Sásvár. Cuando cesó la dominación turca, había en Hungría más de cien santuarios marianos. 

 La dura dominación del comunismo soviético ateo, durante gran parte del siglo XX, ha dejado hondas repercusiones en la fe cristiana y en la devoción a María en el pueblo magiar. Seguramente, a través del amor a la Madre brotará de nuevo con pujanza la vida cristiana en el «Reino de María».

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