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María entre nosotros

 

 

 

Virgen María

EL ROSARIO NOS UNE AL CIELO

Una cosa que me ha chocado siempre, es esa costumbre, entre las familias cristianas, de poner un rosario entre las manos enlazadas de nuestros difuntos, en su lecho de muerte.

El rosario: en el corazón de las Apariciones de Lourdes se encuentra este «objeto de piedad» que ha constituido el lazo permanente entre María y Bernadette, el mismo lazo que une en la oración, la Tierra y el Cielo. Bernadette era consciente de ello cuando decía: «Yo no sabía entonces (en francés), más que mi rosario», pero con su rosario, lo sabía todo!

Al aprender de la Aparición, desde el primer encuentro, a hacer bien la señal de la Cruz, se sabía criatura de Dios, pero sobre todo, desde su bautismo, se sabía amada del Padre como su propia hija; también se sabía salvada por la muerte y resurrección del Hijo, donde el bautismo la había sumergido para renacer a la Vida de Dios; y finalmente se sabía habitada por el Espíritu que había hecho de su cuerpo, templo de su Presencia.

Entonces, al desgranar el rosario, podía recorrer con María, todos los misterios de la Fe, desde la Anunciación hasta Pentecostés, todas las verdades que resume el Credo y que en el Padrenuestro se enraízan en una actitud filial para abrirse a la alabanza del Gloria conque finaliza cada decena.

María nos tiende el rosario: aferrémonos a él como pobres pecadores. De esa manera, día tras día, entraremos en ese «otro mundo», el del Amor, donde Dios nos colma de la plenitud de su Gozo.

Virgen María