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Nuestra Señora
de los Ángeles
Según
la tradición, la joven mulata solía ir al bosque a buscar leña. La mañana
del 2 de agosto, hacia el año de 1635, por el camino encontró una imagen de la
Virgen esculpida en una piedra. Muy contenta y llena de emoción, la recogió,
se la llevó a casa, y la guardó en un cofre. Al día siguiente regresó al bosque
y volvió a ver la piedra en forma de Virgen, igual a la que había guardado en
el cofre. Rebosante de alegría, se la llevó a casa y, al ir a compararla con
la que había dejado en el cofre, vio que allí no estaba la que dejó el día
anterior. El hecho se repitió otra vez más. Alarmada
por lo ocurrido, acudió al párroco, a quien contó con sencillez lo que le había
pasado, y le entregó la imagen. Sin apenas dar importancia a la narración y a
la imagen, el sacerdote la guardó en una caja. Al día siguiente, la mulata
volvió al bosque y se encontró de nuevo con la imagen, que llevó al
sacerdote, y éste pudo comprobar que no estaba en la caja la imagen que el día
anterior había guardado. Acompañado de personas de prestigio local, se dirigió
a la iglesia y depositó la imagen de la Virgen en el sagrario, pero cuando
quiso ver de nuevo la imagen, vio que había desaparecido del sagrario. El
párroco entendió entonces lo que deseaba la Virgen. Se encaminó a la histórica
piedra del bosque y vio que la imagen estaba sobre ella: la Virgen había vuelto
allí por quinta vez. Estaba
claro que quería permanecer allí, y que en aquel lugar había que edificar una
ermita. Comenzaron por formar una choza con hojas de plátano, que pronto sería
suplantada por una ermita. Hay documentos acreditativos de 1648. Además
de los nombres populares mencionados, también se le llamó «Virgen Morena»,
por su color, y «Virgen de los Pardos», por el lugar donde fue hallada. Pero
el nombre oficial es Nuestra Señora de los Ángeles, por el día de su aparición:
el 2 de agosto, día de su fiesta como Patrona de Costa Rica. Se
venera en la ciudad de Cartago, en un valle situado a los pies del volcán Irazú,
en el mismo lugar donde se alza en la actualidad la gran basílica-santuario
nacional. Es una pequeña imagen, tallada en piedra de color plomo, de rostro típico
de mestiza e indígena, con ojos achinados, viste túnica y lleva tosco manto
que la cubre casi totalmente, desde los hombros hasta los talones, formando
pliegues; la nariz y la boca son pequeñas. Y en su brazo izquierdo sostiene a
su Hijo, que alza su mano en actitud de bendecir. Tiene una altura de unos 20
centímetros, y está hecha de los más diversos minerales, que le permiten
presentar diferentes colores. En 1782 fue declarada Patrona de Cartago, y el 23
de septiembre de 1824 fue elegida Patrona de Costa Rica por el Congreso
Constituyente de la República, ratificado por el Congreso Nacional en 1975. Fue
coronada canónicamente el 25 de abril de 1926 por monseñor Rafael Otón
Castro, previa disposición del Papa Pío XI. La
piedad del pueblo costarricense ha erigido sucesivamente cuatro templos a su
Reina y Señora, hasta llegar a la actual basílica construida sobre la piedra
donde fue hallada la Virgen Negrita. María es encontrada al lado de los pobres,
su presencia silenciosa a través de la sencilla imagen es portadora de la Buena
Noticia: la igualdad universal de todos los hombres, hijos de Dios, hermanos de Jesús,
que nos dio por Madre a María. Ante la Virgen Morena, que dignificó la condición
del hombre conquistado, ya no habría más blancos y negros, conquistadores e
indios. Por su ayuda en momentos de gran dificultad para el país, como los vividos en 1853 y en 1950, fue calificada como Princesa de la Paz.
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