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LA VIRGEN DE LOS TREINTA Y TRES
Se
supone que en el siglo XVIII los jesuitas llevaron a tierras uruguayas una
imagen de la Inmaculada de la que los nativos eran fervientes devotos. Alrededor
de su misión corría un río llamado el Arroyo de la Virgen. La primitiva
capilla del Pintado, construida en 1779 en las cercanías del arroyo, fue
dedicada a la Reina de los Ángeles, bajo la advocación de Nuestra Señora de
Luján, por voluntad del donante, Antonio Díaz. El
actual nombre numérico, que sustituyó al anterior de Virgen de Florida en su
advocación de Nuestra Señora de Luján del Pintado, proviene de los 33
miembros de la insurgencia que desembarcaron el 19 de abril de 1825 en la playa
de la Agraciada con el objetivo de lograr la independencia de la patria. Las
crónicas cuentan lo que sigue: «La Banda Oriental de Uruguay, cayó bajo el
dominio de Brasil. Muchos de los orientales emigraron a Buenos Aires, Argentina.
Desde ahí tres tenientes de Artigas organizaron, juntamente con otros treinta
valientes patriotas, una campaña, la campaña de los Treinta y Tres,
enarbolando la bandera tricolor con el lema Libertad o muerte. Acto seguido,
instalaron un gobierno provisional y fueron a la iglesia de los jesuitas para
implorar de la Virgen ayuda y protección, en tan ardua tarea de liberación. El
25 de agosto de 1825, la asamblea, presidida por el sacerdote Juan Francisco
Larrobla, declaró y proclamó la independencia nacional. Todos los miembros de
la convención, después de redactar el acta de la Independencia, fueron al
templo para entonar el Tedeum y de rodillas ante la imagen, pusieron la patria
naciente bajo su amparo maternal. Así comenzó a nacer la devoción a la
Virgen, invocándola con el título de La Virgen de los Treinta y Tres». Los
últimos papas han ratificado el nombre y alentado la devoción de los católicos
uruguayos, quienes, a pesar de algunas situaciones políticas poco propicias
para la religión, siempre han tenido en su corazón un lugar privilegiado para
la Madre de Uruguay. Pío XII, en uno de sus mensajes dirigidos a los uruguayos,
les manifestó que eran «hermanos auténticos de aquellos próceres que el 14
de junio de 1825 inclinaban sus banderas ante la Virgen de los Treinta y Tres,
reconociéndola capitana de sus futuras empresas». La
sagrada imagen fue coronada canónicamente tras la autorización del Beato Juan
XXIII mediante el breve Magna Dei bominumque Mater, del 8 de marzo de
1961, el 11 de noviembre de 1961. El 21 de noviembre de 1962, el mismo Juan
XXIII, y por el breve Nobilis Uruquarianorum terra, la proclamó Patrona
del Uruguay. En calidad de Reina y Madre de todo Uruguay, la sagrada imagen de María Inmaculada recorrió en peregrinación todo el territorio nacional. Como broche de oro de esa visita de la Madre a todos sus hijos, el 25 de agosto de 1975, la imagen y su santuario fueron declarados Monumento Histórico por el gobierno uruguayo.
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