|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
VALLE DE LÁGRIMAS Que el mundo tiene algo y aún bastante de valle de lágrimas no hay quien lo dude. Pero aun siendo eso verdad, también lo es que entrelazados con estos dolores van siempre miles de alegrías y que si uno disfruta a fondo esas alegrías y vive también los dolores desde la esperanza, tendría todo el derecho a decir también que el mundo es un valle de gozo. Yo me temo que quienes toman muy en serio esa frase y ven la vida exclusivamente como un valle de lágrimas son, más que cristianos, maniqueos. Porque maniquea es esa distinción según la cual todo sería amargura en este mundo y el creyente tendría que pasarse la vida soñando en la felicidad que vendrá después, al otro lado, tras la muerte. ¡Cuánto daño ha hecho esa distinción falsa! Tanto despreciar este mundo del «más acá», tanto confundir la esperanza como una simple añoranza del «más allá feliz», ha hecho que el mundo moderno reivindicase las alegrías de este mundo y perdiera de vista la realidad del más allá. Pero Cristo nunca pintó el mundo como «un mal sitio» por el que no hay más remedio que cruzar. Dijo, como es evidente, que la gran felicidad completa está al otro lado, pero nunca negó que aquí estuvieran ya las raíces, y bien hermosas, de esa felicidad del otro lado. Sabemos los cristianos que este mundo es caduco, transitorio, pero no por eso lo amamos menos. Y no sólo porque aquí ganamos el otro mundo, sino porque aún en éste hay muchos rastros gozosos de las manos creadoras de Dios. Y la esperanza no es para nosotros una «nostalgia romántica del cielo». Es, al contrario, la cadena de escalones por la que caminamos hacia la eternidad. No nos detenemos en la escalera, pero ¿por qué no reconocer mientras la cruzamos que nos parece hermosa?
|
|