|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
UNA
CIENCIA DIFÍCIL En
el templo de Delfos de la Magna Grecia, había una inscripción en el frontón
que decía: «Conócete a ti mismo». Este era para los filósofos el ideal de
la sabiduría. No es nada fácil conocerse a uno mismo: porque estamos abocados
hacia el exterior, hacia la actividad febril, y porque a todos nos molesta
enfrentarnos con los defectos y pecados propios. Desanima mucho dar vueltas a
nuestras miserias y errores; pero si lo hacemos al mismo tiempo que consideramos
la bondad y paciencia de Dios con nosotros, entonces no nos desanima. Nos
llenamos de alegría y confianza en el Señor que nos quiere a pesar de nuestros
pecados, precisamente porque los tenemos y quiere ayudarnos a superarlos. Cada
uno tiene un punto más débil en su persona: un defecto que está en la base de
sus pecados y que constituye lo que se llama defecto dominante. ¿Cuál puede
ser el tuyo? ¿Eres quizá desordenado, perezoso, mentiroso, soberbio? ¿Te
preocupas excesivamente de ti mismo y vives de espaldas a los demás? ¿Te dejas
arrastrar por lo cómodo -rehuyes todo esfuerzo- por lo sensible, por lo
sensual? Conviene que descubras cuál es tu defecto. Si lo logras, habrás dado
un buen paso para vencer en la lucha del alma puesto que tus enemigos te atacan
por donde eres más débil: por el defecto dominante. El
sufi Bayazid dice acerca de sí mismo: «De joven yo era un revolucionario y mi
oración consistía en decir a Dios: "Señor, dame fuerzas para cambiar el
mundo" : A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me
había pasado media vida sin haber logrado cambiar a una sola alma, transformé
mi oración y comencé a decir: "Señor, dame la gracia de transformar a
cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis
amigos. Con eso me doy por satisfecho! «Ahora, que soy un viejo y tengo los días
contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración
es la siguiente: "Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo.» Si yo
hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida». Todo el mundo piensa en cambiar a la humanidad. Casi nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Y cuando intentemos cambiarnos a nosotros mismos y pidamos a Dios gracia para hacerlo... seremos felices. |
|