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 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

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ULISES Y LA NINFA

Cuando Ulises regresaba de la guerra de Troya, anorando su tierra y su esposa, entre otras aventuras que nos narra la Odisea, se detiene en la isla de la ninfa Calipso. Ulises vivía amado por la diosa y hubiera sido inmortal, pero aunque reconoce que la ninfa Calipso le acogió gentilmente, le alimentó y le prometió hacerle inmortal y libre de vejez para siempre, agrega que «no logró convencer mi corazón dentro del pecho». Ulises prefirió no ser un dios, rechazó el amor de una diosa y eligió a su mujer Penélope.

Al hombre se le puede arrebatar todo salvo la última libertad: la elección de su propia actitud interior, de su forma de ver la vida y estimar determinadas ideas o personas.

Ningún poder humano está legitimado para asaltar ese reducto último de la personalidad, y sólo podrá intentarlo por la violencia física o psicológica. Los canonazos podrán reducir una ciudad a polvo y cenizas, pero nunca matarán el derecho y la aspiración a la libertad.

De hecho, los mártires prefieren la muerte a la pérdida de su íntima libertad, y muchos perseguidos por sus ideales se reafirman en ellos. La libertad interior es la base de los derechos humanos. De ella brota el derecho a la libertad de opinión y expresión, a la libertad de conciencia y a vivir según las propias convicciones. Así entendida, la libertad es también un ideal irrenunciable y una demostración poco utilizada de la espiritualidad del alma humana.

 

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