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TODOS CONTAMOS Un ratón y un pájaro se enfrascaron en animada conversación, acurrucados en una de las ramas bajas de un pino. Mientras tanto, la nieve cubría la tierra con su espeso manto. -¿Cuánto crees que pesa un copo de nieve?- le preguntó el ratón al pajarillo. -Los copos de nieve son ligerísimos..., tan livianos como plumas- respondió el pajarillo-. Fíjate, son tan sutiles que no se pueden ni pesar. -En eso sí que no estoy de acuerdo contigo -rehusó el ratón-. Me explico... El invierno pasado, por estas fechas, desperté de mi prolongado letargo y salí a tomar el aire. Corno estaba solo, sin nadie con quien charlar, me senté aquí mismo a observar como caían los copos de nieve. Durante horas me dediqué a ver cómo se acumulaban sobre las ramas de los pinos y cubrieron las piñas con su blancura. Alcancé a contar dos millones cuatrocientos noventa y dos mil trescientos cincuenta y nueve. Y después, cuando el siguiente copo cayó sobre las ramas, ésta no pudo soportar el peso y se quebró, dejando caer su carga de nieve. Así que como ves, un solo copo de nieve puede tener el peso suficiente como para romper una rama, lo que me lleva a la conclusión de que los copos de nieve pesan. El pajarillo, que era ligero y menudo nunca había sospechado que un ser tan pequeño como él podría tener influencia sobre el inmenso mundo que le rodeaba. Así nos pasa a nosotros. Por insignificantes que creamos ser sólo por el hecho de haber sido creados por y para Dios tenemos un «peso» definitivo e insustituible en la historia y en el inmenso universo... |
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