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NOSOTROS
PERTENECEMOS TOTALMENTE A DIOS El hombre es de Dios. Los elementos de su cuerpo fueron creados por Dios de la nada al principio de los tiempos. Dios creó las leyes de la naturaleza y de la generación. El mismo creó directamente cada una de las almas humanas. Por tanto el hombre proviene totalmente de Dios. El alfarero toma algo de arcilla, la reduce a polvo fino, añade agua y la amasa bien y moldea un bello jarro en el torno de alfarero. También Dios es asimilado al alfarero que modela vasijas de barro, cuando crea seres humanos. Y ya que Dios nos ha creado le pertenecemos a Él, aún más que el jarro al alfarero. Pues el alfarero no ha creado la arcilla ni el agua pero Dios ha creado de la nada todo lo que nosotros pertenecemos totalmente a Dios, Él tiene pleno dominio sobre está en nosotros. En
mi experiencia he encontrado personas a las que no les gusta pensar así de las
relaciones entre Dios y nosotros; se sienten incómodos ante la idea de que El
es el Dueño y Señor y que nosotros, sus siervos, estamos obligados a
someternos totalmente a Él. Es cierto que en nuestra habitual relación con
Dios estamos más inclinados generalmente a pensar en Dios como nuestro amante
Padre y nos sentimos impulsados a hacer la voluntad de Dios por efectos del amor
filial y no con la mentalidad de un servidor. Pero nosotros no debemos olvidar que básicamente nuestra relación con Dios es de total sumisión a su voluntad y es sobre esta sólida base que Dios quiere desarrollar esta otra relación de amor paternal y amistad hacia nosotros. Encontramos, por ejemplo, una clara indicación de ello en el Evangelio de san Juan, 13,13 donde Jesús les dice a sus apóstoles: «Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor y con razón porque lo soy.» Y en el mismo mensaje de despedida Jesús también les dice: «Ya no os llamo más siervos... os llamo amigos.» Pero Jesús todavía les da un afectuoso recordatorio de su básica dependencia de su Señor y Maestro: «Seréis amigos míos si hacéis lo que os mando.» |
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