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MIENTRAS HACÍA "ZAPPING"

Es el «zapping», como el lector sabrá y habrá practicado seguramente, el ejercicio que normalmente se practica en casa, consistente en vagabundear por todos los canales televisivos de que se dispone, cómodamente sentado en el sofá con el telemando en mano. Quien en una familia se apodera del mando a distancia es el amo y señor del ocio común lo que en no pocos hogares lleva a discusiones. El ir y venir del «zapping» es un símbolo de nuestra época inestable de ideas y moral. También soy a veces víctima del «zapping», no sin hacer un propósito de enmienda acabada la aventura.
   Estaba la otra noche haciendo «zapping» cuando me detuve en una película que se desarrollaba en Méjico o en su frontera. Resumo lo que vi. De resultas de una refriega entre «buenos» y «malos» queda un anciano muy querido del pueblo, gravemente herido. El hombre resiste a la muerte en su chabola, rodeado de orantes. El recinto lo preside una imagen del Sagrado Corazón ante la que alumbran varios cirios. En esto el anciano queda un momento solo. Un joven se acerca al Sagrado Corazón. No está muy acostumbrado -parece- a rezar. No se le ocurre otra cosa qué poner a la imagen pan y vino en una mesilla y excusarse porque no tiene otros manjares para invitarle. La imagen continua muda evidentemente aunque seguramente Jesús sonreiría ante una ocurrencia así. Por fin el joven amigo se arrodilla y con ojos de fe dirige al Sagrado Corazón esta bellísima oración:   «Mire usted, no deseo molestarle. Pero le estaría muy agradecido si pudiera hacer algo por mi amigo anciano. Es un buen hombre».  ¡Qué oración tan bella como poco rebuscada! Te confieso lector que desde entonces a menudo rezo igual suplicando ayuda para mis asuntos. Eso sí, agrego: «Y si no puedes concederme lo que te pido quedo tranquilo porque tú sabes qué es lo mejor para mí.»

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