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LA HERIDA DEL TIEMPO Cuando pasan los años no se necesitan muchas reflexiones, ni una terrible enfermedad para darse cuenta de cómo nuestros cuerpos se sienten heridos por el más cruel de los dolores: la herida del tiempo. Sí, sentirse envejecer es doloroso. Pero la herida del tiempo en nuestros cuerpos no puede ponernos tristes. Es verdad que pueden languidecer nuestras fuerzas físicas, pero ¡cuántas cosas pueden seguir creciendo dentro de nosotros! Nunca podremos jubilar la fe, la esperanza, ni el amor. Por eso, si sabemos amar, el tiempo será nuestro aliado, no nuestro enemigo. Recordemos ahora, en este tiempo que se va, aquella oración que Paul Claudel pone en boca de uno de sus personajes: Acabé mi jornada. He sembrado el trigo y lo he recogido y de este pan que he hecho han comulgado mis hijos y mis amigos. Ahora he acabado. Vivo en el quicio de lo muerte y una alegría inexplicable me embarga. |
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