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HOY ES MI DÍA Desde mi más tierna infancia, en el humilde hogar en que me crié, siempre tuvieron mis padres cada nuevo ano un grueso taco de 365 hojitas del Almanaque del Corazón de Jesús. Cada día, nada más levantarnos, lo primero que hacían mis padres era arrancar la pequeña hojita del almanaque y leernos su contenidos: si era lunes o viernes, tal día de tal mes, el santo o santos del día, la hora exacta de salida y puesta del sol, alguna breve anécdota de la que extraer lecciones para la vida, un pensamiento filosófico y algún chiste o anécdota divertida. No era mucho, pero ofrecía un mensaje claro, variado y de profundo contenido educativo y moral en tan sólo una octavilla. La lectura obligada y casi ritual del calendario que hacían mis padres -o cualquiera de los hijos que ya supiera leer-suponía siempre una especial inyección de vida, de ilusión, de empuje para vivir ese día en concreto de forma plena y gozosa, haciendo realidad el Hoy que siempre es todavía y se encuentra abierto a todas las posibilidades. Carpe diem. Llevo más de medio siglo viviendo el hoy, ese carpe diem que me ensenaron mis padres, y tengo grabado en el disco duro de mi alma esta inexorable verdad: toda la vida se condensa, se concentra y se realiza en el hoy de cada día que amanece limpio como un folio en blanco. Es responsabilidad de cada cual escribir una bella historia personal vivida durante esas veinticuatro horas que nunca jamás volverán y disfrutarlas segundo a segundo, en el ¡Ahora!- del instante. Pienso con Borges que « el tiempo es la sustancia de la que estamos hechos» . Nuestra vida está jalonada de momentos felices y de otros que nosotros mismos hemos hecho desgraciados con nuestra actitud, con nuestros miedos, con nuestras preocupaciones, con nuestro derrotismo. El espacio de tiempo con mayor entidad y realismo vital de que todos disponemos es el hoy. Cuando decimos «hoy» nos estamos refiriendo a un programa ya en acción, que se está llevando a cabo, a unas vivencias que no son del pasado (ayer), ni del futuro (mañana). Es ¡hoy mismo!, realidad ineludible que estoy viviendo desde mi despertar, desde el amanecer, desde cada mañana de un nuevo día. Por eso, decir «¡Hoy!» es decir lo que deja de ser inminente y ya es realidad, una realidad extensa expresada en una trenza de veinticuatro horas. Oportunidad única que jamás volverá y no puedo ni debo perder.
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