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 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

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PARA QUIEN NO QUIERE ENVEJECER

«Detesto envejecer» testifica amargamente B.G., y continúa: «la gente vieja sólo tiene un estilo de vida, no puede elegir como hacen los jóvenes, y sus días no resultan divertidos. Yo misma no me siento satisfecha de mi aspecto físico y tampoco me veo lo bastante lista como para superar todo lo que me sale al paso. Al ser vieja, vuelvo a sentirme como una adolescente insegura».

El temor a envejecer se centra en el pánico a la merma de facultades mentales o físicas y en la soledad que muchas veces viene impuesta por el fallecimiento de familiares y amigos. Acabo de leer un informe de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, que detalla una serie de remedios para prevenir lo primero. Los científicos aseguran que, hasta el final de nuestros días, podemos disfrutar de la vida sin perder un ápice de calidad.

En cuanto a lo segundo, es decir, a la soledad y la erosión que produce en el espíritu, cabe señalar que no es necesario llegar a la tercera edad para padecerlos. La soledad elige víctimas de cualquier edad y precipita su abandono, su falta de puntos de apoyo y una agonía siempre trágica y lenta. Por este motivo, me alegra conocer que existen personas valientes y entregadas que derrochan tiempo, entusiasmo, dedicación y ternura como armas para combatir este terrible mal. Una de ellas es el autor de la carta que viene a continuación:

«Pertenezco a un organización de personas mayores que ayudamos a otros mayores. Nuestro trabajo consiste en visitar a enfermos solitarios o que padecen algún tipo de incapacidad. Sacamos a pasear a minusválidos, hacemos de recadistas, comprando en la farmacia o pidiendo número para asistencia médica. ¡¡Es maravilloso!! No hay dinero que recompense la satisfacción de unas horas dedicadas, sobre todo, a escuchar. No hay droga, natural o sintética, que produzca más placer que llegar a una casa donde un anciano solitario te recibe con un «estoy fatal» y al término de tu visita, te dice «es curioso, pero ahora ya no me duele» o «¿Sabes que me siento mucho mejor?»; o también «Pues me alegro de haber hablado contigo porque ahora lo veo todo más claro».

Alejandra Vallejo-Nájera

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