|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
EL PODER DEL TIEMPO «Mirad atentamente cómo vivís; no seáis necios, sino sabios; aprovechando bien el tiempo presente» (Ef. 5, 15) «Lo que hice ya no es, lo que haré no es todavía. El tiempo que he vívido, ahora ya no está; el tiempo que viviré, no es todavía... Piensa en Dios y encontrarás que Él "es"... Si tú quieres ser también, trasciende el tiempo» (AGUSTÍN, Comentario al Evangelio de Juan, XXXVIII, 8). «El tiempo no era antes para mí tan precioso... pero ahora el tiempo y la esperanza y todas las demás cosas, se van haciendo cada vez más sutiles... Sabía que el tiempo es precioso, pero. no que fuese inestimable... Ahora empiezo a calcularlo, sólo porque empiezo a abandonarme a él» (F. PETRARCA, Cartas familiares. XVI, 11). «Abandónate al tiempo. El tiempo es música... El tiempo es tan abundante como la gracia. Confíate a la gracia del corazón... No puedes hacer acopio del tiempo; aprende del tiempo la prodigalidad. Da de ti mismo lo que si no, se te quitaría por la violencia. Entonces serás, miserable robado más rico que un rey. El tiempo es la escuela de la abundancia, de la magnanimidad» (H. U. VON BALTHASAR, El corazón del mundo). Son anotaciones de gran importancia. No nos presentan un Dios abstracto, como aparece en el pensamiento de los filósofos griegos Platón y Aristóteles, sino concreto. Un Dios que se manifiesta junto a nosotros a través de intervenciones situadas en coordenadas temporales muy precisas; un Dios que sabe esperar y regular su paso sobre nuestra pequeñez y nuestras resistencias. Para el hombre moderno, pensativo y casi absorbido por los sucesos de la vida, encontrar al Señor en los mismos caminos que va recorriendo con tanto esfuerzo y en los problemas que lo asedian, es una experiencia que facilita y anima su búsqueda religiosa. Los hombres de hoy también nos sentimos arrastrados por la idea de provisionalidad. Son constantes las invitaciones a consumir apresuradamente y a producir cada vez más. Nos sentimos desorientados por la inconsistencia de las concepciones filosóficas que se suceden y se anulan con la velocidad del rayo. Todo aparece pronto en el horizonte, y tan pronto como aparece, desaparece. ¡Qué bien nos hace, entonces, alzar la vista y contemplar al eterno Trascendente, origen, justificación y término de todas las cosas!
|
|