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EL INFIERNO DE LOS CELOS

 «Enamorado durante un tiempo de una mujer poderosa, que le había ayudado a conquistar la riqueza y le había dado dos hijos, la abandonó por otra. No lo soportó aquella mujer: asesinó a la rival, al padre de ésta, y a sus dos propios hijos para vengarse del que había sido su enamorado esposo.»

No es ninguna noticia de la sección de sucesos de un periódico, aunque desgraciadamente leemos en ellos calamidades semejantes. Se trata del argumento de Medea, tragedia que el dramaturgo griego Eurípides escribió en el siglo V a. C. Es el infierno de los celos que siembran la enemistad entre hermanos o amigos y destruyen familias y matrimonios.

Sobre los celos escribe la Dra. Natividad Herrero: «No existe mucha diferencia entre celos y envidia. Celos: se trata de un «querer retener» algo que nos pertenece. Envidia: se trata de «querer tener algo que en principio pertenece a otros».

Detrás de la persona celosa existe siempre una persona insegura, que tiene una imagen devaluada de sí misma (está insegura de mantener el amor que ha conseguido y esta inseguridad la proyecta en forma de desconfianza). Son personas que dirigen su hostilidad hacia todo aquello que supone para ellas una amenaza a su narcisismo y a su egocentrismo. Su concepto de «posesión» es la fuente de sus temores y ansiedad.

El carácter absorbente de los celos bloquea y limita al sujeto y le lleva a interpretar erróneamente toda la realidad que le circunda. Los celos son contraproducentes porque desde el momento en que desconfiamos de alguien nos imposibilitamos para amarle.

El verdadero afecto significa confianza, comprensión. No podemos desconfiar de quien amamos. (No podemos estar constantemente controlando con quién habla, a quién mira, con quién sale). El sentimiento de posesión, de celos, el pensar constantemente que nadie me quite esa persona... no es amor. Del amor no se derivan los celos. De hecho no suele ser el cariño a la otra persona lo que los inspira, sino el amor a uno mismo.

De todo lo dicho se deduce que los celos y la envidia no nos aportan nada positivo a nuestras vidas sino todo lo contrario:

• bloquean la relación con los demás,

• impiden nuestro desarrollo como personas,

• nos llevan a interpretar erróneamente la realidad que nos circunda.

• Nos impiden ser felices.»

Y esto último es lo peor: los celos atenazan de infelicidad a quien los padece y destrozan la vida de los que le rodean.

 

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