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EDUCAR EN LA COMPASIÓN Así como el coraje acepta un desafío por los demás, la compasión acepta un desafío con los demás en sus momentos de desconsuelo. La compasión es una virtud que tiene en cuenta la realidad de otras personas, su vida interior, sus emociones, así como sus circunstancias externas. Es una disposición activa hacia la camaradería, la comunión, el compañerismo que alienta en medio de la congoja o la angustia. Las semillas de la compasión están sembradas en nuestra naturaleza humana. La compasión procura conservar esa prematura conciencia de que todos estamos embarcados en lo mismo, de que solo nos movemos «por la gracia de Dios». ¿Cómo se cultiva la naturaleza compasiva de los niños?. Abundan los cuentos y máximas alentadoras. Y, afortunadamente, la compasión es una de las virtudes más «naturales». La principal tarea -que puede ser hercúlea– consiste en procurar que su crecimiento no sea atrofiado por la animadversión ni el prejuicio. Los «ismos» divisorios constituyen aquí obstáculos importantes: racismo, sexismo, chovinismo nacionalista y demás. Y en este caso, al igual que en toda formación moral, es sumamente importante el poder del ejemplo. No tratemos a nadie con fría desconsideración. Los niños saben cuándo los demás los toman en serio, e imitan lo que ven. En ello radica nuestra esperanza y nuestro riesgo. |
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