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CUANDO FALTA TIEMPO... «Reserva cada día media hora para la oración, a no ser que tengas mucho trabajo. Si es así, dedícale una hora entera». Los psicólogos podrían tal vez pensar que este consejo de San Francisco de Sales es una paradoja. Útil lo es, ciertamente. Cuando el trabajo llega a un punto en que se sale del ritmo normal, y sus exigencias llegan a desbordarnos, ha llegado el momento de intensificar nuestra oración, según el consejo de San Francisco de Sales. Quien trabaja mucho necesita orar mucho si quiere cumplir bien con su trabajo. La oración hace ver claro. En consecuencia, si hago oración, no me lanzo a ciegas al trabajo. La oración me sitúa en mi verdadero centro, y desde allí puedo orientar y ejecutar toda mi actividad según mis necesidades y conveniencias. En la oración descubro la, interior fuente del Espíritu Santo. El problema del estrés es principalmente un problema espiritual que requiere mayores dosificaciones del trabajo para curarse. Necesita también mas tiempo de oración, no como evasión del trabajo, sino para no dejar que éste degenere en rutina. Pero ¡hay ocasiones o días en que me resulta imposible!, me dirás. En este caso te propongo un consejo de emergencia. Un director de colegio extremadamente ocupado, temía olvidarse de Dios y así había ordeñado hacer una placa en la que se leía esta inscripción: «Señor, en el día de hoy estaré muy ocupado; tal vez me olvide de Ti; pero Tú no te olvides de mí». Quizá pueda acontecerte a ti también lo MISMO; tus ocupaciones, tus problemas, tus preocupaciones, tus trabajos, etc... tal vez te hagan difícil acordarte de Dios a lo largo del día; no estará mal que, al menos en la noche, le dediques alguno de tus pensamientos, que le pidas para el día siguiente su constante protección; porque si es posible que tú te olvides de Dios, no es posible que El se olvide de ti. |
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