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 anecdotas y reflexiones 

Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

 

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¿UN DIOS A TU MEDIDA?

No se puede negar que, pese al ateísmo moderno, el hombre de nuestro siglo está buscando desesperadamente a Dios; tiene hambre de Dios, y esa hambre no se puede calmar sino con Dios.

Si tú buscas a Dios, lo encontrarás ciertamente. Pero ten cuidado, no equivoques el camino, porque en ese caso la culpa de no encontrar a Dios ya no sería de El, sino exclusivamente tuya. Y es equivocar el camino, pretender llegar a Dios con los pasos del entendimiento; se va a El más bien por el amor.

Te extraña que en Dios haya misterios que tú no alcanzas; pero no habría misterios en Dios si El no fuera infinitamente grande y bueno; o si nosotros no fuésemos tan pequeños comparados con El; pero, desde el momento que El es infinito en su poder y en su bondad y nosotros tan pequeños, es lógico no sólo suponer, sino reconocer misterios en Dios que nosotros no podemos captar. ¿O es que preferirías un Dios pequeño en poder y en bondad, como tú? Porque entonces sí que lo podrías comprender, pero entonces no sería Dios, como tampoco tú lo eres.

"Hay un Dios en el cielo que revela los misterios" (Dan. 2, 28). El Misterio de Dios es Cristo, el "Misterio escondido desde siglos y generaciones y manifestado ahora a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cuál es la riqueza de la glo­ria de este Misterio entre los gentiles, que es Cristo entre vosotros" (Col. 1, 26-27). Agradece al Señor, que te haya hecho conocer el misterio del amor de Cristo.

 

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