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oración y confianza en la providencia Los primeros cristianos eran distintos de nosotros. Tanto si estaban en un mercado como en un peregrinaje, u ocultándose de sus perseguidores, todo el mundo sabía que eran cristianos. Eran compasivos, caritativos y amables. Creo que uno de los mayores escándalos de nuestra época es el hecho de que no irradiemos el amor de Dios como lo hacían hace dos mil años.En el evangelio de san Juan, Nuestro Señor dice que no podemos producir frutos si no estamos unidos a ÉL. Ahora bien, ¿a qué se refiere Nuestro Señor cuando dice que «produciremos frutos»? Lo que quiere decir es que seremos portadores de los signos del amor de Dios, a condición de que depositemos nuestra confianza en Él. ¿Una aceptación heroica del sufrimiento? Efectivamente. ¿Paciencia ante una persona irritante? Así es. ¿Amabilidad con quienes nos infligen dolor? Sí, también. Ésta es la razón por la que es tan importante para nosotros buscar y abrazar la voluntad de Dios. Hace algunos años me llamaron para que visitara en un hospital próximo a una mujer que estaba muriendo de cáncer de los huesos. Suzanne estaba en la cama de una habitación privada, con un ramo de margaritas marchitas sobre la mesilla de noche. Al verme entrar levantó la cabeza y me brindó una sonrisa asombrosamente pacífica y tranquila. -¿Cómo estás, Suzanne? -le pregunté. -Bien, gracias a Dios -respondió. Como probablemente sepáis, el cáncer óseo puede producir una muerte extremadamente prolongada y dolorosa. En visitas posteriores, supe que el marido de Suzanne la había abandonado en el momento en que se supo el diagnóstico del cáncer que padecía. Aquella misma tarde había firmado los documentos necesarios para otorgar a su hermana la custodia de su hija, lo único que poseía en el mundo. Fue una lección de humildad para mí. Cuando caminaba por el pasillo, se me acercaban las enfermeras y los médicos para saludarme y pedirme ayuda y oraciones, viéndome -soy religiosa- como una persona de fe y devota. Pero había bastante fe y devoción en la tierna sonrisa de Suzanne en su lecho de muerte como para avergonzarme a mí y al resto del mundo para siempre. No mostraba indicación alguna de amargura ni de enojo. De ella emanaba el convencimiento de que fuera cual fuese su dolor y su sufrimiento, de algün modo Dios convertiría en un bien su trágico fin. Su testimonio me creó un profundo impacto, porque en el momento en que miré en sus ojos supe que estaba viendo a Jesucristo. oración y confianza en la providencia
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