principal        conocenos       Antonio    anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
Anteriores
Hojas  Culturales
María entre nosotros

(Presentación en PWP no automática)
SABANA SANTA

Nati Crespo Aguilar
pinturas

Marilú Capín de Aguilar
poesías

 

 

 

 

oración y providencia

POR ANDAR VACILANDO

 

  Preguntó un periodista a un millonario:

    -¿Cuál cree usted que es el secreto del éxito que siempre ha tenido en sus negocios? El millonario frunció las cejas y respondió:

  -Yo sé muy bien por qué he llegado adonde he llegado.

El entrevistador, turbado con esta respuesta, preguntó humildemente:

  -Y ¿podría usted decirme esa razón?

     -No crea usted, en primer lugar -respondió el magnate-, que mi carrera haya sido un éxito desde el principio. Muchas veces fallé en mis negocios, por no haberme dado cuenta de lo que tenía que hacer para triunfar. Pero desde que descubrí el secreto, puedo asegurarle que las pocas veces que he fracasado ha sido por no haber obrado conforme a este principio.

  Encendió el millonario su pipa y añadió:

   -Siempre he procurado, ante todo, saber lo que quiero, y luego, sin vacilaciones, he tratado de llevarlo a cabo. Eso es todo. Tuve una vez un socio muy inteligente, pero que tenía el defecto gravísimo de vacilar y no saber decidirse en los momentos críticos. Esto nos hizo perder varios negocios importantes. Me separé de él, por más que veía que perdía una grandísima ayuda; desde entonces data mi prosperidad. Una vez que me he resuelto a una cosa, nadie me hace vacilar. Este es el secreto de mis éxitos.

Muchas personas se preguntan: ¿por qué Dios no responde a nuestras oraciones?

  Dios constantemente nos concede muchas cosas se las pidamos o no se las pidamos. En el plan amoroso de su Providencia, sin embargo, entra el darnos ciertas cosas «si se las pedimos», y de ahí la insistencia con que Cristo nos exhorta a orar, a pedir para recibir, pues, de otra suerte, muchas cosas que Dios quiere darnos, no nos las dará porque no se las pedimos.

 Como el común de los mortales no tenemos claro lo que queremos y si nos conviene o no para el aquí y para la vida eterna, es bueno agregar a nuestra oración, que intenta ser confiada, un "si nos conviene". Porque Dios siempre sabe mejor que nosotros qué es lo que de verdad nos interesa...

 

oración y providencia