|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
PASADO,
PRESENTE, FUTURO Nuestra
historia se ha de enmarcar en su época -hace casi 100 años- para evitar malos
entendidos y captar el mensaje, sobre la oración que es lo que interesa. Mr.
Thomson hacía pocos años que se había hecho católico, habiendo sido anteriormente
un gran agnóstico. Su conversión había sido verdaderamente sincera. Pero tenía
sin embargo, una pena muy honda porque se había opuesto tenazmente a dejar
bautizar a sus hijos, y una hijita, a quien él quería entrañablemente, había
muerto sin recibir el bautismo. Ahora que «creía», esta falta del tiempo de
su incredulidad le perseguía como una pesadilla. Vino
un día a verme y a contarme su aflicción inconsolable. -¿Qué podré hacer, padre -nos dijo-, qué podré hacer por mi hija? -Pues
puede usted orar a Dios por ella -le respondí. -Pero,
¿de qué puede servirle mi oración si murió sin bautismo? ¿qué puede hacer
Dios por ella, si esto ya pasó y no tiene remedio? -Usted
pida a Dios por ella y déjela en sus manos. ¿No ve usted que para Dios no hay
pasado ni futuro?
Muy
consolado con esta explicación se marchó dispuesto a rezar por su hija muerta.
Ya me había olvidado de aquel asunto, cuando un día vino nuestro amigo,
demudado por el gozo, diciéndome: -Padre,
Dios oyó al fin mi oración. Mi hijita está en el cielo... Creía que el pobre hombre había perdido el juicio, pero pronto me enteré de lo ocurrido. -Figúrese,
padre, que llegó ayer Betsy, nuestra antigua criada irlandesa que tuvimos
durante muchos años, hasta poco antes de la muerte de mi hijita. -¿Y
bien? -Pues me fue a ver, y cuando supo que me había hecho católico, me abrazó y me dio besos de pura alegría. «¡Qué bueno es Dios! -me dijo-. He estado pidiendo muchos años por que se convirtiera, y al fin me ha dado el gustazo de poder verlo.» Seguimos hablando de varias cosas, y, naturalmente, le conté mi aflicción porque mi hijita había muerto sin haber sido bautizada. «¿Qué hijita?», me preguntó. «Pues Mythle, la que usted tanto quería.» «¡Que Mythle murió sin haber sido bautizada!, ¿quién dice eso?» «Pues yo, que lo impedí hasta el último momento.» «iJa, ja, ja! -respondió la buena irlandesa- ¿Y usted cree que sirvieron de algo sus prohibiciones? ¿Cree usted que yo le había de haber hecho caso? No faltaba más. Sin que usted lo supiera, yo la llevé a bautizar a la parroquia.» Entonces
me tocó a mí abrazarla. «¡Cómo! ¿Será posible?» «Tan posible como que
yo estoy aquí, y si quiere la prueba, vamos a la parroquia, y allí podrá ver
la fe de bautismo de María Mythle.» Y
sacando un papel mi buen amigo, me lo entregó. Era la partida de bautismo de su
hijita. Su oración había tenido «efecto retroactivo».
|
|