principal        conocenos       Antonio   mm.carmelitas      anecdotas y reflexiones    calendarios   estampería  Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica

                                          
Textos en formato pdf
libros
anteriores año 2008
Hojas  Culturales
María entre nosotros

 

 

 

oración y providencia

PASADO, PRESENTE, FUTURO

Nuestra historia se ha de enmarcar en su época -hace casi 100 años- para evitar malos entendidos y captar el mensaje, sobre la oración que es lo que interesa.

Mr. Thomson hacía pocos años que se había hecho católico, habiendo sido anteriormente un gran agnóstico. Su conversión había sido verdaderamente sincera. Pero tenía sin embargo, una pena muy honda porque se había opuesto tenazmente a dejar bautizar a sus hijos, y una hijita, a quien él quería entrañablemente, había muerto sin recibir el bautismo. Ahora que «creía», esta falta del tiempo de su incredulidad le perseguía como una pesadilla.

Vino un día a verme y a contarme su aflicción inconsolable.

-¿Qué podré hacer, padre -nos dijo-, qué podré hacer por mi hija? 

-Pues puede usted orar a Dios por ella -le respondí.

-Pero, ¿de qué puede servirle mi oración si murió sin bautismo? ¿qué puede hacer Dios por ella, si esto ya pasó y no tiene remedio?

-Usted pida a Dios por ella y déjela en sus manos. ¿No ve usted que para Dios no hay pasado ni futuro?                       

Muy consolado con esta explicación se marchó dispuesto a rezar por su hija muerta. Ya me había olvidado de aquel asunto, cuando un día vino nuestro amigo, demudado por el gozo, diciéndome:

-Padre, Dios oyó al fin mi oración. Mi hijita está en el cielo...

Creía que el pobre hombre había perdido el juicio, pero pronto me enteré de lo ocurrido. 

-Figúrese, padre, que llegó ayer Betsy, nuestra antigua criada irlandesa que tuvimos durante muchos años, hasta poco antes de la muerte de mi hijita.

-¿Y bien?

-Pues me fue a ver, y cuando supo que me había hecho católico, me abrazó y me dio besos de pura alegría. «¡Qué bueno es Dios! -me dijo-. He estado pidiendo muchos años por que se convirtiera, y al fin me ha dado el gustazo de poder verlo.» 

Seguimos hablando de varias cosas, y, naturalmente, le conté mi aflicción porque mi hijita había muerto sin haber sido bautizada. «¿Qué hijita?», me preguntó. «Pues Mythle, la que usted tanto quería.» «¡Que Mythle murió sin haber sido bautizada!, ¿quién dice eso?» «Pues yo, que lo impedí hasta el último momento.» «iJa, ja, ja! -respondió la buena irlandesa- ¿Y usted cree que sirvieron de algo sus prohibiciones? ¿Cree usted que yo le había de haber hecho caso? No faltaba más. Sin que usted lo supiera, yo la llevé a bautizar a la parroquia.»

 Entonces me tocó a mí abrazarla. «¡Cómo! ¿Será posible?» «Tan posible como que yo estoy aquí, y si quiere la prueba, vamos a la parroquia, y allí podrá ver la fe de bautismo de María Mythle.»

Y sacando un papel mi buen amigo, me lo entregó. Era la partida de bautismo de su hijita.

Su oración había tenido «efecto retroactivo».

oración y providencia