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María entre nosotros

 

 

 

oración y providencia

EL PAN NUESTRO CON MANTEQUILLA

             Había en una escuela católica una niña, Helena, sumamente pobre, pero cuya fe confiadísima era la admiración y el consuelo de las Hermanas que la dirigían. La madre de Helena era una viuda con seis hijos, sumamente pobre, tanto que no podía darse el lujo (baratísimo) de comprar mantequilla para su familia. Helena sentía grandísimos deseos de tener mantequilla para comer su pan, y hacía tiempo que no tenía ese gusto.

       Estando junto a Helena, empezaron a reír varias niñas, con disgusto de la Hermana, quien se acercó a ver qué pasaba, y una niña le dijo:

      -Figúrese, Hermana, que Helena reza un Padrenuestro muy chistoso.

      La buena Hermana abrió tamaños ojos, sorprendida. La chiquilla continuó:

      -Cuando rezamos el Padrenuestro, Helena dice «El pan nuestro CON MANTEQUILLA dánosle hoy...»

      La Hermana, que sabía lo pobre que era helena y, por otra parte, conocía su profunda piedad, sonriendo le dijo:

    -Helena, bien está que le pidas al Niño Dios MANTEQUILLA, pero no lo digas en voz alta, pues las otras niñas se ríen.

      Helena prometió no decirlo otra vez en voz alta, pero en privado siguió con eran fe repitiendo su petición de «el pan nuestro con mantequilla dánosle hoy».

       Pocos días después de esto, la madre de Helena se quedó sorprendida de encontrar a la puerta de su pobre casa, junto con la botella de leche que llevaba el lechero por las mañanas, un paquete dirigido a su hijita Helena. Llamó a ésta y le preguntó lo que era. Helena tomó el paquete, lo pulsó, lo olió y dijo contentísima.

       -La mantequilla que le he pedido al Niño Dios. En efecto, eran dos libras de «muy buena mantequilla». Y desde aquel día, cada semana aparecía un paquete igual, que Helena llamaba MANTEQUILLA DEL NIÑO DIOS. Su oración había sido escuchada, sin que Dios hubiera tenido que hacer ningún milagro... Una de las compañeritas de Helena contó a su mamá la historia de «el pan nuestro con mantequilla dánosle hoy», y la buena mamá se propuso hacer con la pobrecita niña el papel de Providencia. Se informó del nombre y de la dirección de la chiquita, y dio orden a su lechero que cada semana, por la mañana temprano, entregara en aquella casa el paquete de mantequilla, encargando que fuera de la mejor calidad. Dios oye nuestras oraciones, aunque le pidamos «golosinas» o cualquier otra niñería... El es nuestro Padre.

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