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María entre nosotros

 

 

 

oración y providencia

¿CÓMO TE DEVUELVO LOS DOS DÓLARES?

Estaba en la peluquería arreglándome el pelo, uñas... en fin todas esas cosas que cuidamos las mujeres tal vez más cuando los años nos van pesando. Casualmente estaba sentada a mi lado una antigua profesora de mi hija a la que hacía largos años que no veía.

Comenzamos a conversar: ella estaba preocupada porque tenía las caderas desgastadas y la tenían que operar para colocarle prótesis. Gracias a Dios, le pude dar ánimos porque en tres años me habían realizado esa misma intervención en las dos caderas y aunque lo había pasado mal -extremo este que no mencioné- los resultados habían sido satisfactorios.

Marchaba ella y yo aún quedaba en la peluquería. Tomó su bolso, se me acercó para despedirse y me dijo: desde hace 30 años rezo a S.José por ti y por tu familia. Yo quedé muy sorprendida. Por el mucho tiempo y porque mi familia siempre ha profesado una gran devoción a S. José inculcada por mi difunta madre. Ante mi sorpresa ella me fue refrescando la memoria.

-¿No te acuerdas que recién llegadas aquí nos encontramos por primera vez en la cola para pagar los vestidos de colegio de nuestras hijas?

Empecé a recordar. No nos conocíamos de nada ni por supuesto sabía que con el tiempo sería profesora de mi hija. Sí, estábamos en la cola ella más adelante que yo.

-Me faltaban dos dólares para pagar lo que me llevaba. Tú te diste cuenta y desde la mitad de la cola te acercaste y me los diste. «¿Dame tu dirección para devolvértelos?», te dije. Y tú me contestaste:

-Pero si no es nada. No vale la pena, no te preocupes. Recordaba vagamente pero en absoluto lo que me dijo después:

-Los echaré en la mesa petitoria que hay bajo la imagen de S. José de la parroquia.

Lo que nunca pude imaginar es que ella, cada vez que visitaba esa imagen, cualquier imagen de S.José, se acordaba de ese pequeño detalle espontáneo que tuve con ella y rezaba por mí y por mi familia. ¡Y eso durante 30 años!. Cuando llegué a casa no pude menos que ponerme a llorar y comentarlo con mis seres queridos. ¡Nos habían ocurrido tantas cosas en esos treinta años! ¡Tantos problemas, tantas situaciones difíciles, tantos callejones sin salida de los que felizmente pudimos salir! ¿Cómo podemos saber quién está detrás de las gracias que Dios nos concede? ¿Qué oraciones le han arrancado un favor de su corazón misericordioso? Y eso es algo muy antiguo que la Iglesia llama «Comunión de los santos»: esa economía misteriosa por la que unos nos ayudamos a los otros tanto si estamos en el cielo, en el purgatorio o aún en la tierra.

Maravillosa realidad, oculta por la cortina del misterio, que de vez en cuanto se descorre para que podamos admirar los designios de Dios.

oración y providencia