|
principal conocenos Antonio mm.carmelitas anecdotas y reflexiones calendarios estampería Viviendo el catecismo de la Iglesia Católica |
|
|
LA PALANCA Arquímedes
solía decir: «Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo.» Y no hay duda en
la verdad de este aserto; es prodigiosa la fuerza de la palanca. Consiste
ésta, según nos enseña la mecánica física, en una barra rígida que se
coloca sobre un punto de apoyo llamado fulcro. De un lado se encuentra la
resistencia, o lo que se desea mover, y del otro la fuerza. Llámase «brazo de
palanca» la distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza, o entre aquél
y la resistencia. Estos brazos pueden ser iguales o desiguales. Cuando son
iguales, tenemos el instrumento llamado «balanza». En este caso, para levantar
un peso A se requiere una fuerza A, igual a la resistencia. pero si crece el
brazo que corresponde a la fuerza, ésta, para mover la resistencia, irá
disminuyendo conforme crezca el brazo. En este principio está basada la «romana»,
uno de cuyos brazos, el del peso, es muy corto, siendo muy largo el de la
fuerza. De esta suerte, se pueden pesar toneladas con gramos. El peso pequeñísimo
de un gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas, si el brazo de la palanca
donde aquél se aplica es suficientemente largo. ¿No
te recuerda esto, querido lector, aquella proposición de Cristo: «Si tenéis
fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: desarráigate y arrójate al
mar, y lo hará»? La fuerza de la oración, basada en la fe, es colosal, es una
verdadera palanca moral. Por parte del que ora, la «confianza» de conseguir lo
que se pide es el brazo de palanca. Mientras mayor sea la «confianza», mayor
será el poder de la palanca, necesitándose una fuerza pequeñísima para
levantar el peso deseado, esto es, para conseguir lo que se pide. |
|