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UN SEMINARISTA EN LA SS

 

Un seminarista en las SS es el apasionante relato autobiográfico -traducido a 12 idiomas- de las increíbles aventuras vividas por un joven seminarista franciscano reclutado forzosamente por las SS de Hitler al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Sin traicionar a sus ideales cristianos, Gereon Goldmann fue capaz de completar su formación sacerdotal, ser ordenado, y ejercer secretamente su ministerio con los soldados católicos alemanes y con las víctimas civiles inocentes atrapadas en los horrores de la guerra.

El Padre Goldmann cuenta las múltiples ocasiones en que escapó de una muerte segura gracias a ayudas providenciales, sus experiencias en los tribunales de guerra en los que fue juzgado, su vida en el terrible campo de prisioneros en Kasr-Es-Souk, en el Marruecos francés, la diabólica persecución que él y sus camaradas católicos sufrieron a causa de su fe, etc. El relato es un extraordinario testimonio del poder de la Providencia y del imperecedero valor del amor, la fe y el sacrificio.

Antes de morir en 2003 el Padre Goldmann ejerció durante 22 años su tarea como párroco en Tokio, predicando por todo el Japón un total de cuarenta mil sermones, organizando 17 peregrinaciones a Tierra Santa e impartiendo retiros espirituales. Fundó dos monasterios carmelitas en la India y algunos más en Japón y creó también en Tokio la Academia de Música Sacra , que dirigió durante quince años, cuyos graduados continúan trabajando actualmente como músicos en iglesias japonesas, alcanzando una reputación que se ha extendido por toda Asia y por todo el mundo.

Siendo ya octogenario el Padre Goldmann, tras sufrir tres ataques de corazón, residió en su Alemania natal. A raíz del tercer ataque, los médicos lo declararon muerto, pero Dios tenía unos planes distintos para él. Despertó del coma y fue trasladado en avión hasta Alemania donde, con excepción de algunos viajes, incluido uno al Japón, continuó desde 1994 a 2003 año en que murió. Empezaba su día a las 5 a.m., estudiando, respondiendo personalmente a los miles de cartas y tarjetas que recibía y entrevistándose con numerosos visitantes de todas partes del mundo. El Padre Goldmann dedicaba cinco o seis horas diarias a la oración, sin olvidar jamás que ha sido Dios, y no él, quien ha realizado tantas cosas a lo largo de su vida. Es evi­dente que Dios tomó a su cargo la vida del Padre Goldmann.

 

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