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María entre nosotros

 

 

 

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UN ALMA QUE SE ELEVA

Nacida de padres cristianos, cristianamente educada, la ¡oven Elisabet parecía destinada a conocer una existencia apacible y feliz. Hermosa, inteligente, discreta, aquella joven parisina,. sin embargo, supo en su corta vida de las amarguras humanas. El origen de ellas fue su matrimonio. Enamorada sinceramente de un hombre incrédulo, pudo más en ella el impulso del corazón que la lucidez de la mente, y se casó con él, convirtiéndose en la señora Leseur.

El paréntesis de calma de la luna de miel acabó pronto para Elisabet. Su marido intentó enseguida hacerla abandonar su _fe. La ironía glacial de sus palabras no obtuvo un éxito rápido. Entonces recurrió a otro método. Creyó casi obtener sus objetivos cuando dio a leer a su esposa la «Vida de Jesús», del impío escritor Renan. Cualquiera sabe que este libro, sin ninguna base científica seria, había sembrado, gracias ti la magia de su estilo, el escepticismo y la duda en millares de almas.

Elisabet encontró aquel libro tan artificial y falso que sólo se le ocurrió confrontar aquel retrato infiel con lo que de Jesús decían las Escrituras, leyendo el Evangelio.

En contacto con el Cristo auténtico de los Evangelios, Elisabet Leseur se convirtió, de una creyente tímida y rutinaria , en una católica militante, en una mujer de fe fuerte. Su matrimonio podía haber sido un error; reconocía la equivocación que sólo sobre ella recaía. Pero las lamentaciones Y el rencor no eran caminos cristianos ni aceptables ni eficaces. Había otro camino: el  de dedicarse solamente, pero enteramente e inteligentemente a cumplir su deber A partir de entonces, la piedad de Elisabet Leseur no fue ya nunca motivo para disputar can su esposo; llegó incluso a sacrificar algunos de sus deseos más legítimos cuando comprendió que aquello daba pie a la ira de su esposo.

Por encima de todo, Elisabet rezaba por su marido, ofrecía a Dios todos sus sufrimientos implorando la conversión del esposo incrédulo. Y en verdad que pudo ofrecer al Señor dolores y padecimientos: una terrible enfermedad la postró en cama durante largo tiempo, al cabo del cual murió en plena juventud.

Elisabet Leseus había sido una verdadera amistosa, amistosa, discreta. entregada por completo a perfeccionarse con la ayuda de Dios, haciendo realidad lo que había escrito a uno de sus amigos en una carta: «Toda alma que se eleva, eleva el mundo»...

Poco tiempo después de la muerte de Elisabet Leseur la semilla de su abnegación y su fervor fructificó en lo que más deseaba ella mientras vivía: su esposo se convirtió al catolicismo y acabó su vida en la Orden religiosa de los Dominicos.

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