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SUPERSTICIÓN Y Cía.: TOMÉMOSLA A BROMA PORQUE NO ES SERIA...

El asunto de la superstición moderna (tarot, extraterrestres, magnetismos,lecturas de manos y tantas cosas más) es serio, y, por tanto, vale la pena tomárselo a broma: hay que empezar a poner en ridículo a esos vividores que sonríen escépticos cuando se habla de Dios, de los santos, de los ángeles o de los demonios (que también existen). Y van por ahí adivinando destinos, consultando a las estrellas, echando conjuros o curando el mal de ojo como en los mejores tiempos de Camelot y del Mago Merlín.

La fe, paradójicamente, nos dice que hemos de ser mucho más incrédulos que esos agnósticos. «No habrá para ti otros dioses delante de mí», enseña la Sagrada Escritura. Hay que creer en Dios y solo en Dios. Solo el Señor es objeto de fe, de esperanza, de amor y de adoración. Creer «demasiado» (en demasiadas cosas) es tan ofensivo para Dios como abandonar la fe. Ser supersticioso «por si acaso» es tan tonto como no serlo «porque trae mala suerte».

Al llegar a este punto, solo me queda hacer un elenco de pecados, tan antiguos como el hombre, pero que vuelven con ímpetu renovado y empiezan a sonar a nuevo. No tendré más remedio que hablar de ellos.

La idolatría. ¿Os acordáis de la historia del becerro de oro? Hoy en día tenemos otros becerreros y bastantes borregos.

El espiritismo, ese extraño juego que inventaron hace un siglo las hermanas Fox, y que ha contribuido a fomentar la histeria entre la población civil.

El satanismo y la magia negra, con todas sus secuelas aún más peligrosas, porque el demonio existe, aunque no se dedique a meter miedo a los niños ni a hacer numeritos pirotécnicos con efectos especiales. ¡Cuántas cosas ocurren que no salen en los periódicos y que suceden en torno a sectas satánicas!

La superstición en general: la epidemia de los amuletos; los gafes, etc.

Estoy seguro de que, para la mayoría de vosotros, todo esto os suena un poco a broma. Y me alegro. La fe contribuye muy eficazmente a conservar el equilibrio mental y a no perder el sentido común. Por el contrario, alejarse de Dios lleva con frecuencia a adoptar ritos, creencias y manías (a lo mejor, solo son eso, manías), que en el mejor de los casos dan risa.

Por eso, recristianizar el ambiente es también ir atornillando cabezas a nuestro alrededor; y, aunque quizá no tenga mucha importancia, olvidarse del zodíaco y de sus signos, descolgar la herradura de la puerta, tirar la pata de conejo, y, en lugar de llevar al cuello un colmillo de gorila, ponerse una medalla escapulario, que es infinitamente más útil. E.M.

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