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POCA COSA EN EL UNIVERSO... PERO AMADOS POR DIOS Una mirada al firmamento nos permite observar manchas oscuras en la Vía Láctea, la galaxia a la que pertenecemos y que se encuentra poblada por millones de estrellas. Esas misteriosas manchas oscuras, sin los puntos luminosos del resto del firmamento, hicieron pensar a los antiguos astrónomos que se trataba de "zonas vacías" del universo. Pero siglos después se descubrió que las razones de esa oscuridad eran muy diferentes. Se desvela el misterio. Hoy se sabe que los "huecos" del universo no están vacíos, sino poblados por gigantescas nubes de polvo cósmico. Esas nubes, formadas por infinitas partículas de un tamaño inapreciable, tapan la visión de los objetos situados a mayor lejanía del observador. El caso de las nubes de polvo interestelar es sumamente curioso. En un universo de dimensiones inalcanzables, en el que las distancias se miden por años luz, resulta que son muy diminutas las partículas de polvo capaces de ocultarnos el resplandor de las grandes estrellas. Son inferiores a una centésima del tamaño de las partículas del polvo depositado sobre una mesa y que limpiamos con una bayeta. Las partículas del polvo cósmico, además de ser pequeñas, se hallan muy dispersas: su densidad viene a ser la de un grano de polvo por cada millón de metros cúbicos. Basta esa dispersión tan sutil para extinguir la radiación. Es decir, que las partículas de polvo cósmico se hallan muy separadas entre sí, pero en espacios tan inmensamente grandes que llegan a tapar la luz de las estrellas lejanas. Nuevos datos para la admiración: los granos de polvo cósmico alcanzan temperaturas mínimas de 268 grados bajo cero. Generalmente. Cada grano consta de un núcleo rocoso rodeado de un manto de materiales orgánicos y de hielo. El polvo de nuestra galaxia es muy activo y no cesa de transformarse. Numerosas nubes de gas y polvo están pasando por una etapa de fuerte contracción que las convierte en nuevas estrellas. El nacimiento de una estrella tiene su origen en la fuerte contracción de una nube de gases y polvo. Aumenta así la temperatura y la presión del centro de la nube hasta valores elevadísimos, que convierten esa zona en un "horno" en el que se producen un sinfín de reacciones termonucleares en cadena. A ellas se debe el fulgor del nuevo ser. Ha nacido una estrella. Este fue el origen de nuestra estrella más próxima: el Sol. Pero no todos los elementos de la nube quedaron integrados en el nuevo ser. Algunos permanecieron fuera de él y "se condensan más tarde para constituir los planetas rocosos y los asteroides" que giran en torno a la estrella recién nacida. Los elementos más rebeldes se agruparon en cometas erráticos, con sus largas colas, que pueden haber desempeñado una función decisiva en la aparición de la vida sobre la Tierra. Ese fue el origen del sistema solar del que formamos parte. El acontecimiento tuvo lugar hace unos 4.600 millones de años. Por desgracia, no había en aquel momento ningún periodista colocado estratégicamente en cualquier punto del universo para podernos dar testimonio de lo que estaba ocurriendo. A la vista de tanta maravilla nos convencemos -si es que ya no lo estábamos- de que no somos nada. Pero aún siendo nada somos mucho. Dios nos ama como una creación especial suya. Si desapareciera una estrella o un grano de polvo, se resentiría todo el universo. Si no hubiéramos existido tu o yo sería completamente diferente toda la historia de la humanidad. Sí. Eres especial. Fuiste creado especialmente para ocupar tu puesto y cumplir tu misión en la creación. Y además... ¡Dios te ama con amor infinito! Pídele sentir sobre ti ese amor y te aceptarás y amarás a ti mismo. Y aceptarás y amarás a los demás. No hay mejor fórmula para conseguir la autoestima y el amor y el respeto a los demás. |
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