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MUCHA FE MUCHO CAFÉ Tuve
que hacerme cargo de la jornada educativa con los campesinos de la cooperativa
del café, en sustitución de un compañero misionero enfermo. Preparé
la charla y a la hora señalada llegaba con mi bagaje teológico. Saludé al
campesinado, repartí sonrisas, carraspeé, y, solté el título de mi
conferencia: «Mucho café, poca fe». Un
vejete me cortó en seco. -«Mucho
café, poca fe»; la exposición del padre será harto interesante, no cabe
duda; pero yo me pregunto y no dejo de preguntarme: ¿por qué no comenzamos la
reunión como Dios manda y nosotros solemos, y ya, de paso, empezamos a desmentir
el título de la charla de hoy: «mucha fe y poco café». -Y ¿cómo manda Dios comenzar, y ustedes suelen? -dije yo. -«Ansí». Y
el anciano sacó parsimoniosamente un rosario de semillas de café; luego, echó
rodilla a tierra, se quitó el sombrero y empezó: «Por la señal»... Y se ve
que el anciano tenía autoridad moral, pues todos, a una, se hincaron y
enfilaron el «Señor mío Jesucristo» con muy sentidos golpes de pecho. Ni
que decir tiene que no tuve más remedio que doblar la rodilla, y aguantar así
los misterios dolorosos del santo rosario, las letanías lauretanas, credo,
salve y gloria, y tres padrenuestros por las intenciones del Romano Pontífice.
Varias veces busqué en vano el respaldo de la silla como reclinatorio y
descanso, pero la verticalidad de aquellos campesinos me eran como un dedo
acusador, que me llevaba a mantenerme tieso. Cuando,
al fin, pude ponerme de pie, las piernas me tambaleaban. Apenas volví a la
carga con la de la fe cafetalera, el patriarca interrumpió. -Quizás
el padre, como nuevo, no sepa que los cooperativistas de esta zona, «amás»
del rosario, habemos la buena o mala costumbre, no lo sé, de comenzar nuestras
reuniones mensuales educativas con la lectura y posterior comentario en común
de algún capítulo de la Santa Biblia, que a nuestra «conciencia» vaya más
parejo con la «ponienza» del día; así que si el Padre no tiene mayor «enconveniente»... -¡Déle,
pues! -dije. Lo
asombroso es que la exégesis que unos y otros hicieron de Hebreos 11 fue tan
profunda que tuve que titular mi charla: ¡Si hay mucha fe crece mucho café...! M.F.G.
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