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Marilú Capín de
Aguilar
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LA VENERACION DE LOS SANTOS Esta pregunta se encuentra con frecuencia en la historia de la Iglesia: ¿por qué veneramos a los santos? En las escuelas del antiguo Imperio romano se exhortaba a los jóvenes a actuar correctamente, no de una forma teórica, sino con algunos ejemplos. Se mostraba cómo vivían y qué dichos se atribuían a las personas del pasado consideradas sabias o heroicas por haber dado su vida por la patria o sirviendo al prójimo. En el siglo IV de nuestra Era, el Imperio romano se hizo cristiano. Era necesario adaptar también el programa escolástico a la nueva situación, sustituir los ejemplos de sabiduría pagana con los personajes cristianos. ¿De dónde se podían tomar? Al comienzo se ponían de relieve los ejemplos recogidos en la Sagrada Escritura: Moisés, Salomón, Pablo, etc. A ellos se agregaron lentamente personajes más recientes y se escribieron sus biografías. Una de las más importantes aparece ya en el siglo IV, la vida de san Antonio abad. Fue escrita por san Atanasio, obispo de Alejandría de Egipto, el cual conoció a Antonio personalmente. Compuso su biografía de tal modo, que pudiese servir como manual de perfección cristiana y como regla de vida monástica. La Vida fue rápidamente traducida del griego a otras lenguas cristianas. Paralelamente a esta vida, circulaban ya los recuerdos escritos sobre la muerte gloriosa de los mártires. También se escribieron pronto las vidas de los obispos cristianos ejemplares, entre los cuales uno de los primeros fue san Martín de Tours, que se hizo famoso en todo el mundo. Más tarde, vienen también los príncipes y los reyes que se habían preocupado por introducir la fe cristiana en sus territorios y las mujeres que se habían dedicado a la oración y a servir a los pobres. El número de los santos, por lo tanto, crecía. Se introduce la costumbre de leer cada día algún ejemplo edificante que se sacaba de sus vidas y así nace el calendario con las fiestas fijas de cada uno de los santos. No existen razones para que esta costumbre no se deba continuar. También hoy encontramos personas que dan ejemplo de auténtica vida cristiana y así forman la tradición de la santidad en la Iglesia.
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