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EL PADRENUESTRO Muy
cerca de la Ciudad Santa de Jerusalén, en la ladera del Monte de los Olivos hay
una Basílica, conocida como Iglesia del Padrenuestro. A lo largo de muchas
generaciones millones de peregrinos la han visitado para rezar un Padrenuestro.
En los cimientos existe una gruta, y en ella, según la tradición, Jesús enseñó
a orar a sus discípulos aquella oración que, a falta de título, todos
conocemos por sus dos primeras palabras. Aquella
forma de orar no era sólo original sino revolucionaria, porque contrastaba
totalmente con las larguísimas plegarias que recitaban cada día los judíos
piadosos, con frases grandilocuentes e interminables adjetivos, y que el propio
Jesús conocía y recitaba desde su infancia. En
las paredes del claustro de la Basílica está escrito el Padrenuestro en
cuarenta y tres idiomas, entre ellos el castellano, el vasco y el catalán. Y
ello impresiona porque refleja la universalidad y perdurabilidad de unas
palabras (en latín no pasan de 58) que nos unen y nos convierten en hermanos
unos de otros, por encima de fronteras y razas. Según
la frase de Tertuliano, el Padrenuestro pese a su brevedad es capaz de encerrar
el resumen de todo el Evangelio. Generalmente desde la infancia nos hemos acostumbrado
a recitar el Padrenuestro quizá rutinariamente y a veces con tal rapidez que se
nos escapa el significado y la trascendencia de su contenido, y no obstante, ha
sido motivo de meditación y de profundización por parte de teólogos y
exegetas a lo largo de dos milenios. En efecto, aunque ahora nos parezca lógico
y normal llamar a Dios Padre nuestro, debió causar asombro a los mismos discípulos
de Jesús saber que podían dirigirse a Dios en oración con un nombre tan
familiar como Abbá (papá), y aún más Padre nuestro, es decir, haciéndonos
todos hermanos e hijos del mismo Dios. Algo muy importante debió cambiar en la
mentalidad judía, algo que trastornaba completamente el concepto del hombre en
su relación con Dios. Con aquella sola primera palabra .Dios descendía para
acercarse a los hombres o bien los hombres, elevándose, se acercaban a Dios. En
la tradición hebraica prevalecía el respeto y el temor a Dios antes que el
Amor. Ni siquiera se atrevían a pronunciar su nombre y utilizaban circunloquios
tales como: «Aquel cuyo nombre es santo», «Aquel a quien nadie ha visto», «El
que está en los cielos». Asimismo las denominaciones de «Dios de Israel» y
«Dios de los ejércitos» que aparecen a menudo en el Antiguo Testamento nos
indican que los judíos no consideraban a Dios como Padre.En cambio, en el Nuevo
Testamento, la palabra Padre dirigida a Dios aparece 170 veces. El Padrenuestro puede ser comprendido por cualquier niño. El niño pequeño ve a su padre muy alto, fuerte, capaz de solucionar todos los problemas. Y aún más. Sabe que puede pedirle lo que necesita: amor, pan y protección.
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