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EL DEFECTO INÚTIL La
envidia es un defecto estúpido, porque es estéril. Del orgullo, de la pasión,
pueden surgir actos positivos. Hay heroísmos que nacen de grandes pasiones. Sin
embargo, de la envidia no sale NADA. No tiene ninguna consecuencia positiva ni
siquiera para el envidioso. Otros
pecados aportan un placer momentáneo al que cae en ellos. La envidia, no. La
envidia destruye más al envidioso que al envidiado. El envidioso nunca será
feliz. El envidioso nunca podrá disfrutar de lo que tiene, porque siempre estará
soñando con lo que tienen los demás. Por eso decía Cervantes que la envidia
es como una carcoma: una «carcoma del alma». La
envidia se puede producir en diferentes ámbitos: 1)
En el ámbito profesional la envidia hace estragos entre compañeros de trabajo.
Siempre hay quien gusta de descalificar y minusvalorar el trabajo bien hecho de
los demás. Son demasiados los que disfrutan cuando alguien «cae» o «se
eclipsa». Nos molesta el triunfo de los demás porque quisiéramos ser nosotros
los triunfadores. La sociedad contemporánea favorece la envidia, por la
competitividad que existe -ser el mejor a cualquier precio-. El materialismo en
que vivimos hace que no nos valoremos por lo que somos sino por lo que tenemos. 2)
La envidia también puede destruir la amistad y las relaciones entre familiares
o hermanos. Envidiamos a veces pequeñas cosas, pero eso nos separa de las personas
que amamos. Envidiamos que los demás tengan una casa más grande, un coche más
nuevo o confortable... Pequeñas cosas que nos corroen por dentro y convierten
la convivencia en un infierno. 3)
La envidia en la relación de pareja toma la forma de los denominados «celos».
Muchos creen que los celos son una muestra de amor. No es cierto. Los celos
pueden poner fin en muchas ocasiones a una relación de pareja. El miedo a que
la persona que amamos nos abandone es algo natural. Lo que no es tan natural es
dejar que esa idea se convierta en una obsesión. Frecuentemente los celos
provocan gran sufrimiento no sólo a quien los padece sino también a quien los
sufre y es víctima de ellos. La sospecha hacia la otra persona se alimenta
constantemente aunque no exista ningún motivo o evidencia. Las personas celosas
llegan a perder el respeto por sí mismas y están obsesionadas exigiendo
constantemente pruebas de fidelidad a las otras personas para tranquilizar su
inseguridad. N.H.
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