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María entre nosotros

 

 

 

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¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?

Un día -cuenta el cardenal Spidlik-, después de las clases en el Instituto teológico de Roma, recibió la visita de una monja budista que quería discutir el problema de la mística cristiana en comparación con la budista. A las diferentes preguntas que ella formulaba, él contestaba explicando la tradición espiritual cristiana. Mas quedaba sorprendido cuando su interlocutora le exponía, extraídas de la tradición budista, doctrinas semejantes. Finalmente planteó ella la cuestión fundamental: ¿cuál es la diferencia entre la oración cristiana y la budista?

   A esto siguió un interrogatorio por su parte. «Cuando rezáis, ¿qué objetivo os proponéis, qué queréis alcanzar?» -«La unión con Dios». No pudo más que asentir y afirmar la identidad de opiniones entre ellos. Entonces planteó otra pregunta, más sutil: «En esta vida, ¿alguien ha alcanzado esta unión plena con Dios, tan deseada?» Su respuesta fue bellísima: «Es el deseo de todos los hombres, pero en esta vida nadie ha alcanzado nunca la unión perfecta con Dios».

   Entonces el respondió: «Sin embargo nosotros, cristianos, creemos que en la persona de Jesucristo, el hombre y Dios se han unido de modo perfecto, el abismo ha sido superado. Por eso, para superarlo también nosotros, rezamos a través de nuestro Señor Jesucristo. Ésta es la diferencia esencial entre el cristianismo y las otras religiones». La monja budista le prometió pensar en ello.

   Sobre este hecho todos deberíamos reflexionar en esta época en que muchos nos echan en cara que los cristianos constituimos una más entre tantas religiones. El cristianismo no es simplemente una religión que cree en Dios y trata de unirse a Él. Es la revelación de que Dios se ha hecho hombre. Creemos en Dios-Hombre y en todas las consecuencias que se derivan de ello: que Dios se ha hecho hombre para que el hombre se haga divino. Es una profesión de fe única, característica nuestra. Y, por este motivo, los cristianos pueden apropiarse de todos los verdaderos valores humanos que se encuentran en otras religiones, permaneciendo, al mismo tiempo, convencidos del carácter singular de su religión a causa de este hecho único, centro de la historia: Dios se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14).

 

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