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LOS ÁNGELES: MÁS REALES QUE LA ENERGÍA ATÓMICA

    A los ojos de la Iglesia Católica, intérprete segura de la Revelación, los Ángeles Custodios no son ni vagos volátiles celestiales, ni seres etéreos indefinidos, ni entidades inasequibles o meros símbolos. Son seres reales, personalidades poderosas, espíritus puros, que, cuando se aparecen a los hombres tomando formas visibles, provocan casi siempre sentimientos de temor o de admiración, según los múltiples testimonios de la Sagrada Escritura.

   Prueba de fe daba, y de buen sentido, el bienaventurado Pedro Fabro, uno de los primeros discípulos de San Ignacio, cuando, enviado en misión a Maguncia, antes de instalarse en una casa y en un barrio de no buena fama, se puso a librar a los locales (mediante ferviente oración) de la ocupación de los ángeles rebeldes, y a instalar a los ángeles santos como guardianes invisibles.

   ¿Reacción de un hombre miedoso? ¿Ocurrencias de un visionario? ¿Prácticas de un clérigo supersticioso? No. Actitud clara de un hombre de Dios cuya fe lúcida capta las realidades -la garra de los demonios y el poder de los ángeles-, que escapan más o menos a las gentes que no tienen una visión tan penetrante de los hombres y de las cosas.(...)

   Como señala un liturgista alemán, Johann Wagner, en una conferencia sobre «los ángeles en la vida moderna», el actual despego hacia el mundo invisible no es ciertamente un progreso para la humanidad. (...): «La energía atómica existía desde el principio de la creación del mundo material, mucho antes de que el hombre ni sospechase su existencia. Del mismo modo, los ángeles existen desde el comienzo de la creación del mundo espiritual. Y seguirán existiendo siempre, aunque la humanidad ignore su existencia durante millones de años».

   El mundo moderno no ganaría nada, y sí perdería mucho, si se comportase como si la energía atómica fuera un mito o la idea de unos cuantos exaltados. Así el cristiano no gana nada conduciéndose como si presencias amigas invisibles, enviadas por Dios, no lo siguieran en todas sus idas y venidas, dispuestas a defenderlo y a iluminarlo.

 

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