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DIOS SE NOS REVELA
Todo hombre puede buscar a Dios y encontrarle pues como dice S. Pablo no está lejos de nosotros pues «en Él vivimos, nos movemos y existimos». Pero está búsqueda la realizamos a tientas y puede conducirnos a ídolos, falsos dioses. Por eso Dios ha preferido buscar al hombre como el pastor busca a la oveja perdida: se aproxima al hombre, se le da a conocer. Se le revela. La fe cristiana descansa en la revelación. La revelación significa que Dios se da a conocer y se comunica. Estos dos aspectos son inseparables: Dios proclama algo de sí mismo que no podríamos hacer conocido por nuestros medios y a la vez se nos manifiesta. Cuando veamos y conozcamos a Dios tal cómo Él es estaremos totalmente en comunión con Él. Entonces Dios se nos «revelará» totalmente a nosotros. Dios se ha revelado a los hombres gradualmente. La historia de la Revelación de Dios comienza con la llamada a Abraham y acaba con el encarnación de Jesucristo, Hijo de Dios, «Quien me ha visto a Mí ha visto al Padre». Con Abraham, padre de la fe, Dios hizo un pacto: Abraham será el padre del pueblo de Israel, a quien Dios confiará su promesa. Sobre este pueblo escogido recaerá la misión de ser portador de la revelación. A través de este pueblo todos los pueblos serán bendecidos y llegarán al conocimiento de Dios. Dentro del pueblo de Israel Dios escogió a uno de sus miembros para revelarle el misterio de su voluntad: la Virgen María. A través de la Virgen María y con su consentimiento completa la revelación en Jesucristo. En Cristo, Hijo de Dios, su Palabra eterna, Dios se revela y se entrega totalmente. Por eso la revelación se ha completado con Cristo y no hemos de esperar ninguna otra hasta su gloriosa manifestación. Nunca agotaremos las riquezas de Cristo. Nunca las sobrepasaremos. De aquí que ninguna revelación privada, aunque sea auténtica, aportará nada que no esté contenido en la revelación de Cristo. Pueden, sin embargo, facilitar nuestra fe en Cristo y revitalizar nuestro amor a Él (como ocurrió con las revelaciones del Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque). C.S. |
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