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lecciones de la naturaleza y de la historia ¿PEQUEÑECES? Aquí (en el santo sepulcro) no hay posibilidad alguna para una apologética basada en la belleza cristiana: lo bello como signo de lo verdadero.Pero esta paradoja tiene su origen en las disensiones (por decirlo de una manera suave), que lo han paralizado todo, entre aquellos que todavía se dicen, y lo son, hermanos en el mismo Señor. Unos hermanos que todavía son incapaces, pese a los siglos transcurridos, de ponerse de acuerdo hasta en lo que se refiere al mantenimiento y la restauración de la iglesia del Santo Sepulcro. El Padre Virgilio Corbo, el gran arqueólogo franciscano a quien se deben los más importantes estudios en torno al Santo Sepulcro y que pasó toda su vida en Jerusalén, no emplea, por cierto, una espiritualidad retórica sino que utiliza el realismo de quien ha experimentado personalmente una situación, y ha conseguido, sin embargo, penetrar en su significado.Aquel religioso escribió en el prólogo de sus tres monumentales volúmenes dedicados a este lugar: «El hecho de que las comunidades cristianas, a menudo en conflicto entre ellas, se hayan enfrentado aquí por la posesión de unos pocos, palmos de terreno o de un saliente ligado al recuerdo de la Resurrección, es la expresión de un afán que, contemplado desde otra perspectiva, representa un auténtico acto de amor al propio Cristo». Somos ciudadanos de una cultura secularizada que oculta su indiferencia y escepticismo sobre la existencia de una Verdad, detrás del término, de nobles apariencias, de tolerancia. Así pues, no somos los jueces más adecuados para entender la grandeza, que, pese a todo, pueda ocultarse detrás de la encarnizada defensa de una lámpara, un banco o una baldosa lisa del pavimento. «Cosas pequeñas», sin duda. Lo serán para aquellos que en la actualidad, pese a confesarse creyentes, estén convencidos de que hay muchas cosas, todas igualmente válidas, que son la verdad; y que resulta ofensivo para los demás el empeñarse en que existe una Verdad con mayúsculas. La Verdad que el Nazareno que resucitó aquí se ha revelado no sólo con sus palabras, sino con cada uno de sus gestos, con su cuerpo que ha tocado estas piedras, y las ha llenado para siempre de su Esencia divina.
lecciones de la naturaleza y de la historia
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