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lecciones de la naturaleza y de la historia

NIETZCHE, EL SUPERHOMBRE Y  SUS CONSECUENCIAS

Resulta irónico que en nuestra época en la que tal vez tenemos mayor conciencia de los horrores del holocausto nazi, los profesores sigan recomendando como si tal cosa la lectura del escritor -que no filósofo- que les dio soporte ideológico: Nietzche. 

Nietzsche  llevó a cabo una gigantesca operación de demolición cultural, un desguace donde no dejó títere con cabeza. Su objetivo central fue la religión cristiana, pero de paso arremetió contra  todo lo que se cruzó en su camino. Fue el  retrato perfecto de la intolerancia y el fanatismo. 

Nietzsche piensa que el deber es una idea inventada para dominar a los demás. En concreto, inventada por los judíos: un pueblo muy inteligente, históricamente humillado por sus enemigos políticos. Con los judíos comienza la venganza intelectual de los débiles, la rebelión de los esclavos, la inversión de los valores de los vencedores. Desde que los judíos inventan la religión y el más allá, los poderosos son malos, y los hombres vulgares son buenos. El cristianismo hereda esta corrupción judía del odio contra los fuertes. 

 Su biografía corre paralela a su enfermedad, instalada de forma crónica desde los veintinueve años: depresiones, fuertes jaquecas y dolores de estómago, reumatismos, cegueras, etc. A los treinta y cinco años, después de constantes ataques graves, dimite de su cátedra de Filología Griega y se dedica a buscar por el sur de Europa descanso para su desequilibrada naturaleza. A los treinta y nueve, su lucidez mental se extingue en Italia un 3 de enero. Moriría once años más tarde, en 1900, sin haber recobrado la razón. 

Citamos unos párrafos de sus obras para justificar lo que decimos:

«Existe un feroz dragón llamado tú debes, pero contra él arroja el superhombre las palabras yo quiero».

 «Yo considero al cristianismo como la peor mentira de seducción que ha habido en la historia». 

«Nada más malsano en nuestra malsana humanidad que la compasión cristiana». 

«Durante demasiado tiempo, el hombre ha contemplado con malos ojos sus inclinaciones naturales, de modo que han acabado por asociarse con la mala conciencia. Habría que intentar lo contrario, es decir, asociar con la mala conciencia todo lo que se oponga a los instintos, a nuestra animalidad natural. ¿Pero quién es lo bastante fuerte para ello? Algún día, sin embargo, en una época más fuerte que este presente corrompido, vendrá un hombre redentor, que nos liberará de los ideales y será vencedor de Dios y de la nada» 

«Cualquiera que nazca después de nosotros pertenecerá a una historia más alta que ninguna de las anteriores. Es un suceso cósmico, del que son responsables los hombres, y que les libera de las cadenas de lo sobrenatural que ellos mismos habían creado. La muerte de Dios es la muerte definitiva del deber y la victoria de la autonomía absoluta. Sobre las cenizas de Dios se levantará el superhombre, el hombre dominado de nuevo por el ideal dionisíaco, el que ama la vida y vuelve la espalda a las quimeras del cielo. No es un individuo sino el símbolo de la nueva raza que encarnará la voluntad de poder y estará más allá del bien y del mal. La raza de la bestia rubia que duerme en el fondo de todas las razas aristocráticas. Él destruirá y creará los valores, como César, como Barbarroja, como Napoleón. Ahora es cuando la montaña del devenir humano se agita con dolores de parto. Dios ha muerto: ¡viva el superhombre! ».

Menos de un siglo después, las ideas de Nietzche tomarían cuerpo por líneas diferentes en los dos movimientos más sanguinarios de la historia: el nazismo y el comunismo. Si el ideal de uno es el hombre ario, el del otro será el hombre socialista. Y para conseguir a la fuerza ambos superhombres- porque en ambas ideologías Dios o no existe, o es un estorbo, o se prescinde de él-  dejarán un reguero de  millones de muertos.

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