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lecciones de la naturaleza y de la historia DAVID O LA FUERZA DE LOS DÉBILES La «debilidad» sugiere el modo como el Señor ha actuado en tiempos muy próximos a nosotros. Tanto en Lourdes como en Fátima o en La Salette, la Virgen se apareció, no a personas preparadas y doctas, sino a uno o más niños, pastorcitos, casi ignorantes, y ha indicado siempre los mismos medios para hacer frente a las dificultades y a las amenazas: la oración y la conversión. Pero volvamos a la Escritura y meditemos sobre la figura de David como ejemplo de un gran jefe bíblico que utiliza para su misión medios modestos, humanamente inadecuados. Todos sabemos que el hecho que lo hizo repentinamente conocido y lo proyectó a la conquista de la realeza fue su victoria contra los filisteos, y en particular su duelo con el gigante Goliat. Este caso acaecido hace muchos siglos, conlleva lecciones para los hombres de hoy: -El gigante que trató de poner en ridículo a David y que se esfuerza por ponernos en ridículo a nosotros, representa el mal o las ideologías y los valores antievangélicos. Goliat es hostil, amenaza, provoca: «Ven hacia mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo». También hoy la Iglesia, frente al mal, se tropieza con Goliat, un gigante terrorífico, que parece invencible. Frente a él, como primer impacto, la Iglesia, y con ella cada uno de nosotros, experimenta acusadamente la impotencia. Y no faltan en el mundo quienes sienten el deber de reforzar esta sensación, diciendo como dijo Saúl: «Tú no puedes ir contra ese filisteo». -Al principio, David toma el camino equivocado. Se reviste de la armadura del poder y de la fuerza, es decir, sigue el modo de defenderse del mundo. Pero eso paraliza su acción: «No puedo caminar con esto, pues nunca lo he hecho». Igual que la Iglesia cuando recurre al arsenal del mundo. -El hecho es que la Iglesia tiene sus «armas» para combatir. Y ésas son las únicas armas verdaderas que importan. Entre éstas brilla un principio. Dice David: «Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel» (v. 45). Las demás armas son sólo accesorias: el «bastón» (la violencia), que David, sin embargo, no usa en la batalla. Luego, muy sencillamente, una honda y cinco cantos lisos del torrente. En efecto, todo gigante tiene su punto débil. Basta mirar con atención. Una piedrecita bien colocada derrotó al gigante, y su misma espada sirvió para cortarle la cabeza. David es la figura de la Iglesia de hoy. En muchas situaciones estamos en minoría en cuanto a los números, las fuerzas, las posibilidades y los medios. Pero, como David, vamos adelante en el nombre del Señor. |
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