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lecciones de la naturaleza y de la historia LA FLOR DE GALILEA Galilea es una región privilegiada. «Fecunda y feraz» la llama Flavio Josefo y un proverbio rabínico decía que «es más fácil nutrir una legión en Galilea, que en Judea a un muchacho». Favorecida con muchas lluvias y con un clima mediterráneo, causa admiración por su verdor. Allí crece todo de modo exuberante: mieses, viñedos, olivares. Nazaret, no citada en el Antiguo Testamento, situada en territorio de la tribu de Zabulón, era una aldea insignificante, un sencillo caserío. A Nazaret San Jerónimo la llamó «la flor de Galilea»; bien lo simboliza la etimología de su nombre que significa «flor» o «retoño florido»; pertenece a la baja Galilea -380 m sobre el nivel del mar- rodeada de montes y colinas, donde florecen plantaciones de higos, granadas y otras frutas. Todo el paisaje es cautivador. Pueblo agrícola y pastoril, desarrolla sus tareas diarias en una atmósfera tranquila. La ciudad posee un encanto singular y da la impresión hoy en día que es exactamente igual que cuando vivió Jesús. Al caminar por Nazaret, comentamos: el Niño pasó por esa calle, caminó hacia la fuente, jugó en este lugar, pisó estas piedras y las tocó, estuvo en el umbral de esta puerta, como lo comprobamos al visitar la casa de Pedro, la casa de Jesús, en Cafarnaum. La arqueología ha demostrado que allí tenemos el umbral auténtico por donde cada día pasaba el Maestro al entrar y al salir. La casa Palestina es más dormitorio que morada. No hay muebles, a excepción de esteras para dormir. En el rincón hay un hornillo de barro, con aberturas para meter la leña. En estas casas se aprecia el vivir pobre y sencillo de un ambiente rural. La mayor parte del tiempo se vive al aire libre, en el patio, donde se trabaja, se guisa, se prepara el pan, y donde suele estar la higuera y la parra. En uno de los rincones puede haber un horno que sirve para todas las familias que rodean el patio. Allí José y Jesús trabajaban la madera y María hilaba, cosía y guisaba la comida. Impresiona constatar que Jesús viviera rodeado de tanta pobreza. Toda su vida fue un modelo de ascesis, de privaciones y renuncias. Aquí es donde se aprende a valorar la sencillez, virtud que es tan difícil de adquirir.
lecciones de la naturaleza y de la historia
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