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lecciones de la naturaleza y de la historia

LA FE DE PASTEUR

Hijo de cristianos padres del norte de Francia, Luis Pasteur, había nacido en los últimos días del año 1822, y durante casi cincuenta años se consagró a las investigaciones médicas con extraordinarios resultados.

A los 26 años de edad se casó con María Laurent. El matrimonio sufrió con gran pena la pérdida de dos hijas. A los 30 años era ya caballero de la Legión de Honor por sus investigaciones químicas, y, al año siguiente, fue nombrado profesor y decano de la Facultad de Ciencias de Lille.

En el año 1859 comenzó a estudiar los problemas de las fermentaciones, que había de ser el campo de sus investigaciones. El mundo de los microbios casi totalmente inexplorado, le fascinaba... Por entonces era general la creencia en la generación espontánea de los seres vivos microscópicos, origen según se pensaba de muchas enfermedades... Pasteur sostuvo que en el aire flotaban millones de gérmenes patógenos, y se propuso «cazarlos».

El alcalde de Dóle, su pequeña ciudad nativa, le animó a que estudiara los efectos parasitarios en el  vino y el modo de impedir la reproducción de aquellos microbios que, según creía Pasteur, lo transformaban en vinagre; y el gran investigador logró impedir aquellas transformaciones con sólo calentar el vino hasta una temperatura de 50 a 60 grados.

Por entonces pasaba una gran crisis la industria del gusano de seda por una epidemia que los exterminaba, y Pasteur halló el medio de poner fin a aquella plaga.

Tenía sólo 42 años de edad cuando el sabio investigador afirmó categóricamente en la Sorbona: «Hoy no se puede afirmar ya que los seres microscópicos vienen al mundo sin gérmenes», y pronto demostró que «la generación espontánea no se da ni en los animales ni en los hombres»...

Por entonces el carbunco producía grandes estragos en los ganados de ovejas y carneros; Pasteur demostró que el origen de este contagio eran los gusanos que pululaban sobre los animales muertos víctimas de aquella enfermedad.

Descubrió también que la septicemia provenía de los gérmenes que flotaban en el aire. Pero lo que más fama le dio fue el remedio que halló para curar la rabia...

Un día se le oyó exclamar: «¡Ojalá Dios me dé aun dos años de vida para penetrar en el apasionante tema del cólera!»...

Frente al positivista Litré escribió Pasteur: «¡Felices los que obedecen a los dictados del ideal artístico, del ideal científico, y del ideal evangélico: ideales todos en los que se refleja la luz del infinito!...

El 27 de abril de 1882 fue admitido en la Academia Francesa y, en presencia de Litré y Renán, confesó sin reservas su condición de creyente practicante... Cada domingo asistía a Misa y, a sus 70 años de edad, próximo a morir, privado de todo movimiento, en el lecho, ya sólo tenía fuerzas para sostener el Crucifijo en una mano, mientras sus familiares y discípulos le despedían estrechándole la otra.

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